El Black Bloc y la violencia

El Black Bloc y la violencia

El Black Bloc y la violencia

Por Pablo Ortellado / profesor de la Universidad de Sao Paulo

Traducción Decio Machado

A pesar de que han sido transformados por los medios de comunicación en una especie de Al Qaeda, los manifestantes que utilizan tácticas Black Bloc (bloque negro) se insertan en una larga tradición de reflexión sobre la forma más adecuada y eficaz para lograr un cambio social a través de la protesta en las calles.

Los primeros Black Blocs eran grupos informales de autodefensa de los movimientos autónomos de Alemania Occidental en los años 1980, los Autonomen (Autónomos). Las tácticas del grupo consistían en la constitución de lineas de frente que permitiesen enfrentar la represión policial y la organización de cordones de seguridad para impedir la infiltración de agitadores en las marchas de protesta. El nombre Black Bloc (en alemán, "der schawazer Block") era originalmente una broma que aludía al hecho de que las manifestaciones callejeras en Alemania se organizaban por medio de "bloques", como el verde (formado por los ambientalistas) o el rojo (para socialistas conectados a los sindicatos).

En Estados Unidos a finales de 1990, los bloques negros adquirieron una nueva forma, es decir, fueron resignificados. Anteriormente, en la primera mitad de la década de 1990 los pequeños Black Bloc en el estilo alemán habían aparecido muy ocasionalmente en protestas en Estados Unidos debido a la difusión de estas tácticas en artículos y libros, como el de George Katsiaficas, un antiguo alumno de Marcuse.

Pero el Black Bloc ganó su forma actual durante las protestas contra la Organización Mundial del Comercio, en Seattle en 1999, cuando un grupo optó por romper con la táctica de bloquear calles y practicar resistencia pasiva, en la tradición de la desobediencia civil no violenta de Gandhi y Martin Luther Kong Jr.

La desobediencia civil no violenta se había establecido como un paradigma de los movimientos sociales de Estados Unidos tras la victoria del movimiento de derechos civiles en la década de 1960. La táctica consistía en desobedecer una ley injusta y no reaccionar a la violencia del Estado tratando de defenderla. Por lo tanto, los activistas del movimiento por los derechos civiles desobedecían las leyes que determinaban lugares separados para blancos y negros ocupando mediante sit-ins (sentadas) restaurantes públicos y otros ambientes segregados. Cuando la policía reprimía con violencia estas acciones de desobediencia pacífica, las imágenes divulgadas a través de los medios de comunicación en las que se veían a los manifestantes sufriendo la represión violenta del Estado generaban la indignación de la opinión pública, lo que servía para presionar y poner fin a dicha segregación racial.

Pero en la década de 1990 hubo una sensación de que esta táctica se había agotado debido a que la desobediencia civil no podría generar efectos políticos sin la cobertura mediática de la violencia policial. El profesor de Antropología de la London School of Economics, David Graeber, uno de los activistas que integraban el Black Bloc de Seattle relata de esta manera el debate que se dio:

Las estrategias gandhianas no han funcionado históricamente en los Estados Unidos. De hecho, nunca funcionaron a escala masiva desde el movimiento por los derechos civiles. Esto se debe a que los medios de comunicación en Estados Unidos son constitutivamente incapaces de informar sobre los actos de represión policial como acciones de "violencia" (el movimiento de derechos civiles fue una excepción porque muchos estadounidenses no veían al sur como parte de su mismo país). Muchos de los jóvenes que formaban el famoso Black Bloc de Seattle eran en realidad activistas ambientalistas que desarrollaban tácticas destinadas para subir y aferrarse a los árboles buscando evitar que estos fueran cortados y que operaban bajo principios puramente gandhianos, descubriendo posteriormente que en los Estados Unidos de los años 1990 los manifestantes no violentos podían ser brutalmente torturados e incluso asesinados sin la más mínima objeción por parte de los medios nacionales. Es por esto que cambiaron sus tácticas. Nosotros sabíamos todo esto y decidimos que valía la pena correr el riesgo.

La crítica que los activistas del Black Bloc de Seattle hicieron a las tácticas clásicas de Gandhi no era nueva. Estas retornan a un debate que ya había tenido lugar en la década de 1940 entre el disidente socialista George Orwell y el propio Gandhi. En un famoso artículo, Orwell sostiene que el método de resistencia pasiva de Gandhi no podía ser generalizado a las circunstancias en las cuales no había una prensa libre y activa que alimentase una opinión pública liberal. El autor ironizaba indicando que la recomendación de Gandhi a los judios perseguidos por los nazis era que deberían haber cometido suicidio colectivo para despertar así la conciencia alemana.

Efectivamente la posición de Gandhi era que los judíos alemanes deberían cometer suicidio colecto, lo que "despertaría al mundo y al pueblo de Alemania frente a la violencia de Hitler". Después de la guerra, Gandhi se justificó: los judíos habrían muerto de todos modos, así que al menos podían haber muerto de manera significativa (...). Hay razones para pensar que Gandhi, que nació en 1869, no entendía la naturaleza del totalitarismo y vio todo desde los términos de su propia lucha contra el gobierno británico. La pregunta importante no es tanto que los británicos lo trataron con tolerancia, sino el hecho de que él siempre pudo actuar públicamente. Como puede verse en la frase citada anteriormente, Gandhi creía en un "despertar del mundo" que sólo es posible si el mundo tiene la oportunidad de saber lo que está sucediendo. Es difícil imaginar cómo los métodos de Gandhi podrían ser aplicados en un país en el cual los oponentes al régimen desaparecen a la media noche para nunca más ser encontrados. Sin medios de comunicación libres y sin libertad de reunión es imposible apelar a la opinión pública exterior, así como crear un movimiento de masas e incluso hacer que nuestras intenciones sean conocidas por el oponente.

Tanto Orwell como los activistas del Black Bloc de Seattle entendieron que la ausencia de una prensa libre y activa impedía que las acciones de desobediencia tuvieran impacto en la opinión pública generándose así los erectos políticos deseados. Para hacer frente a este dilema, los activistas estadounidenses propusieron replantearse sus tácticas, redefiniendo las desarrolladas por el Black Bloc alemán concentrando sus acciones en una modalidad de desobediencia basada en la destrucción selectiva de la propiedad privada. El objetivo era doble: en primer lugar, conseguir la atención de los medios de comunicación; por otro, canalizar mediante este tipo de acciones de destrucción de la propiedad un mensaje de oposición a la liberalización económica y los tratados de libre comercio.

Contrariamente a lo que habitualmente se piensa, estas acciones tuvieron un peso más predominantemente simbólico que violento, y deben ser entendidas más en la interfaz política con el arte de la política que con acciones de carácter criminal. Esto se debe a que estas acciones de destrucción de la propiedad no buscan causar un daño económico significativo, sino mostrar de forma simbólica el descontento con el sistema económico imperante. Es evidente que existe una ilegalidad en el procedimiento de destruir las cristaleras de una gran empresa, pero es precisamente la combinación entre un acto arriesgado de desobediencia civil y su ineficacia para causar daño económico considerable a la empresa o al gobierno en cuestión sobre el que se ejerce esta acción, lo que le confiere a esta forma de intervención su sentido mas expresivo o estético, en una lógica de comprensión expandida. La destrucción de la propiedad sin ninguna otra finalidad que la de mostrar el descontento, simboliza, y apenas simboliza, la rabia acumulada sobre los efectos sociales que causa la liberalización económica.

También es necesario señalar que esta táctica se inscribe en la larga tradición de no violencia del movimiento sindical estadounidense. La destrucción selectiva de la propiedad privada no se hace de manera arbitraria, sino que sigue las normas acordadas por los activistas: no puede ser dirigido contra las pequeñas empresas y las acciones no pueden tampoco dar lugar a la agresión a personas y/o animales.

Aunque no está claro en qué medida las acciones Black Bloc fueron capaces de transmitir el mensaje político deseado, fueron sin duda eficaces en lo concerniente a captar la atención de los medios de comunicación de masas, lo que al fin y al cabo vino a demostrar la acertada intuición de los activistas de que nada iba a despertar mayor interés en los medios que una acción de desobediencia caracterizada por afectar al corazón mismo del sistema jurídico como es la protección de la propiedad privada.

El impacto mediático de las acciones del Black Bloc en Seattle fue tan grande que terminó eclipsando, en parte, el gran esfuerzo colectivo que significaron tanto las manifestaciones masivas organizadas por la AFL-CIO, como los bloqueos de carreteras organizados por activistas de Direct Action Network. Este éxito en capturar la atención de los medios fue rápidamente percibida por los activistas de todo el mundo y la táctica Black Bloc, en su vestimenta, pronto pasó a formar parte del repertorio de los movimientos sociales extendiéndose por todo el planeta en los primeros años del siglo XXI.

La ruptura del consenso en el movimiento social estadounidense respecto a las tácticas gandhianas suscitó muchos debates, siendo el Black Bloc acusado de oportunista, de diversionista, de promotor de la violencia y de señuelo para la represión policial. Los debates de la década de 2000 se han resuelto a través de la idea de "diversidad de tácticas", es decir, la idea de que diferentes tácticas están obligadas a convivir juntas respetándose entre sí, más o menos como la tesis zapatista de "un mundo donde caben muchos mundos".

Para alcanzar este consenso fue necesario que los que abogaban por una táctica exclusivamente de bloqueos y ocupaciones/sentadas (sit-ins) no violentas, entendiesen que los que se adherían a la táctica Black Bloc también participaban en la tradición de la no-violencia, dado que no atacaban personas sino cosas. A partir de este consenso, las protestas de calle pasaron a dividirse en grupos que ocupan cada uno de ellos una parte de la ciudad, de manera que sea factible coexistir. Ese mismo consenso existió en Brasil durante el inicio de los años 2000 cuando las movilizaciones de protestas contra el ALCA, donde se desarrollaron las primeras acciones Black Bloc en el país.

Sin embargo, en la ola de movilizaciones globales que comenzó en 2011, parece que este aprendizaje ha sido olvidado y los duros ataques a los Black Bloc reaparecieron durante el Occupy Wall Street, en la insurrección en Egipto (primavera árabe), en las movilizaciones de protestas en Grecia y también en Brasil. Los activistas que integraban los Black Bloc fueron tratados como alborotadores inconsecuentes, como seres irracionales y como bandidos oportunistas. El hecho de que estos grupos en Brasil por lo general han respetado los principios tácticos, los cuales incluyen no agredir a personas ni atacar pequeños comercios, no son tenidos en cuenta cuando son acusados de *violentos", convirtiéndose así  un acto de desobediencia civil (destrucción de la propiedad) en el equivalente de un asalto al pueblo.

Mientras que la destrucción de las vidrieras bancarias consiguen enorme visibilidad, la represión policial contra los manifestantes pacíficos sigue invisibilizada para la mayor parte de los medios. Y no sólo el ataque a los manifestantes se hace invisible, sino todas las acciones abusivas y violentas desarrolladas por la policía en las periferias de las grandes ciudadanos, quedando estas sin cobertura mediática o recibiendo esta de forma muy discreta y sin énfasis editorial.

La prensa pasa páginas y páginas de periódico y decenas de minutos en televisión hablándonos de la "violencia" contra estas vidrieras o escaparates mientras que a la violencia real que se ejerce sobre la vida apenas queda brevemente mencionada de vez en cuando. Llamando la atención sobre los bancos, sobre las grandes firmas de marca y respecto al propio Estado, los manifestantes que hacen uso de la táctica Black Bloc en Brasil consiguen llamar la atención de los medios de comunicación tratando de redirigir el mensaje sobre el sistema económico y político que está en la génesis de la violencia real existente en nuestra sociedad.

Son pertinentes las dudas sobre si el mensaje es recibido correctamente por el público y si la táctica facilita la infiltración de provocadores y aleja simpatizantes a la causa. Pero sea como sea, no hay duda de que su acción no es violenta o arbitraria ni irracional.

Los jóvenes que están en las calles merecen el respeto de ser tratados como actores políticos consecuentes, y nuestra rabia o indignación debe orientarse a la violencia real, aquella que agrede a manifestantes pacíficos y hace desaparecer a gente. Al final, las vidas deben valer mucho mas que las vidrieras y los escaparates.

Referencias:

Dupuis-Déri, F. Les Black Blocs: la liberté et l’égalité se manifest. Québec: Lux, 2007 [em português: Black Blocs. São Paulo: Veneta, 2014]

Graeber, D. Concerning the Violent Peace-Police: An Open Letter to Chris Hedges. Disponível em: <http://nplusonemag.com/concerning-t…>

Katsiaficas, G. The subversion of politics: european autonomous social movements and the decolonization of everyday life. Nova Jersey: Humanities Press, 1997.

Orwell, G. Reflections on Gandhi. In: A collection of essays. Wiimington: Mariner books, 1970. [em português: Reflexões sobre Gandhi. In: Dentro da baleia e outros ensaios. São Paulo: Companhia das Letras, 2005].

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