Brasil: “Las instituciones fueron asaltadas por el capital y estamos ante el fin del precario contrato social brasilero”

Brasil: “Las instituciones fueron asaltadas por el capital y estamos ante el fin del precario contrato social brasilero”

Brasil: “Las instituciones fueron asaltadas por el capital y estamos ante el fin del precario contrato social brasilero”

Aturdido con las maniobras de un Congreso absolutamente fuera de la realidad ciudadana, Brasil asistió a la segunda absolución del pre­si­dente Mi­chel Temer por sus legisladores, eso pocos días después de la recuperación del mandato de Aécio Neves, ambos inequívocamente inmiscuidos en la tela de corrupción que tanta indignación causa. En diálogo con Gabriel Brito, de Correio da Cidadania y miembro del staff académico de la Fundación ALDHEA, la socióloga y profesora de la UNESP (Universidad Estadual Paulista) Maria Or­landa Pi­nassi, constata toda la desolación y lamenta que todavía veremos nuevos capítulos de profundización de la barbarie generalizada.
-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cómo re­cibió el resultado de la votación de la cámara que barrió la segunda denuncia contra el pre­si­dente Mi­chel Temer?
Maria Or­landa Pi­nassi: Nada sorprendente. Sorprendería si el expediente utilizado por aquella gente para librar a Temer de sus delitos no se hubiese tornado una payasada. No quiero minimizar el hecho, pero el episodio del día 26 de octubre, tanto como el del día 13 de julio, fue un nuevo espectáculo dantesco de un Congreso con el cual la política de alianzas del PT convivió muy bien. Eran todos o casi todos de la base parlamentaria aliada. La diferencia es que antes del im­pe­a­ch­ment había un mayor sigilo y la ilegalidad no resultaba tan evidente.
Si yo fuese we­be­riana, diría que esas figuras grotescas que están ahí en Brasilia, decidiendo nuestras vidas, desmontando cada uno de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, derechos que resistieron los ataques neoliberales de las últimas décadas, corresponden al tipo de político ideal de la crisis estructural del capital. Al menos en la periferia, donde la contrarrevolución produce los mayores y más lesivos estragos. Un buen ejemplo son los políticos que profesan ese neo-pentecostalismo, una parodia de mal gusto del pro­tes­tan­tismo de Lu­tero.
Además de eso, veo todavía dos problemas gi­gan­tescos li­gados a la cuestión. El primero es la desfachatez como se usa, a luz del día, dinero público para comprar a un montón de parásitos cínicos. Son billones de reales negados a la satisfacción de las necesidades más elementales de la población en franco proceso de empobrecimiento, desprotección, desorganización y, después de estos espectáculos transmitidos en red nacional, de una profunda y paralizante desesperanza.
Aquí reside el segundo problema que me parece ser el huevo de la serpiente, la semilla de un fascismo que es popular y muy peligroso. Para explicarlo, siempre recurro a una cita de Dos­toi­evski en Recuerdos de la Casa de los Muertos, donde escribe: “cuando un hombre pierde cualquier objetivo y cualquier esperanza, no es raro que, por tedio, se transforme en monstruo”.
Como se puede ver, el caso de Temer, así como el de Aécio y otros tantos denunciados pero encubiertos por el Congreso y demás instancias jurídicas del país, tiene consecuencias más serias de lo que podría suponerse a primera vista. Y las cosas no ocurren por casualidad.
-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cómo queda la Operación Lava Jato delante de la sociedad con tal resultado?
Maria Or­landa Pi­nassi: La Operación Lava Jato cumple muy bien su papel en la intrincada ur­di­dura que envolvió la transición del gobierno Dilma al de Temer. Es pieza clave en la articulación que promueve la judicialización de la política y la politización de justicia. Atiende la demanda moral de los sectores que fueron a las calles a blandir consignas, casi siempre muy confusas, contra la corrupción. Movimientos idénticos se dieron en Venezuela, Argentina y Ecuador y son parte de un proceso de desestabilización política en América Latina.
Sérgio Moro, el juez im­po­luto, creación mítica, cuya carrera académica fue tan veloz como la operación que dirige, fue la musa de ese movimiento y salto a escena en cuanto se produjo el im­pe­a­ch­ment de Dilma. Moro y su equipo (Dal­lagnol y Ro­drigo Janot) distraen al público con sus interminables mandatos de detenciones, citaciones co­er­ci­tivas, prisiones temporarias y prisiones preventivas.
Sus operaciones se consolidan como la gran fuente de las denuncias de delitos a la espuria (y obvia) relación entre los pú­blico y lo pri­vado, todas com­pro­badas hasta el hartazgo. El problema, como dije anteriormente, es que las denuncias casi siempre acaban en un cajón en las instancias que las siguen.
El propósito de la Operación Lava Jato tuvo una dirección: socavar la Pe­tro­brás, del présal y de las empresas constructoras históricamente ligadas a la explotación del sector energético del país. El objetivo siempre fue la privatización de la empresa y sus subsidiarias, entregarlas al capital internacional, ese es el juego del momento. El resto es pan y circo para los pobres de espíritu y alienados que creen que el objetivo de Moro es Lula.
-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Del lado de las izquierdas, qué piensa del papel que jugaron este último año?
Maria Or­landa Pi­nassi: Sinceramente, no creo que las izquierdas jueguen algún papel digno de nota desde hace un buen tiempo. Están perdidas, sin dirección, sin función, a la deriva de un politicismo flojo, queriendo formar parte de un parlamento irremediablemente podrido para las causas que dice defender. Y, peor, insisten en este tono desafinado en las alianzas electorales rumbo al 2018.
El rey está desnudo, y eso quedó claro ya en las jornadas de 2013 cuando las izquierdas organizadas salieron a las calles empuñando tímidamente sus banderas rojas y entrando en disputas como los verde-amarillos. Después, la barbarie no tardó y no es un fenómeno exclusivamente político, mucho menos pasajero. La barbarie emana del Congreso que atiende las demandas del empresariado transnacionalizado y ataca todos los derechos de la clase trabajadora.
El resultado más evidente es la formación de una enorme masa de trabajadores desempleados que vaga por el país y por el exterior en busca de trabajo y de jornal; de hombres y mujeres “flexibles” que están fuera de los sindicatos, de las luchas organizadas, de los grandes eventos. De esa base social, formada de sujetos resultantes del diluvio, sujetos pocos seductores y muy diferentes de los idealizados históricamente, que están distantes. Yo arriesgaría decir que hay un extrañamiento mutuo entre esas masas y las izquierdas.
-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Po­demos decir que Lula, el PT y la CUT consiguieron do­mes­ticar a otros sectores de la izquierda brasilera?
Maria Or­landa Pi­nassi: Sí y no. Lula, el PT, la CUT y el MST cumplieron su parte en la domesticación de sectores sindicalizados, de la lucha por la reforma agraria y de la política parlamentaria. Esa es la triada que juntamente con las Pastorales católicas reorganizó sectores populares de la sociedad brasilera de los años 1980, luego de dos décadas de régimen cívico-militar controlando el país. Ya se habló mucho sobre las políticas de consenso del lulismo y de las consecuencias nefastas que provocaron en las luchas sociales, sobre todo cuando el PT y sus viejas alianzas asumieron el Palacio Planalto.
Las izquierdas no alineadas con tal proyecto hicieron fuerte oposición al modelo, pero siempre dentro de la institucionalidad, sea sindical, político-partidaria o del movimiento social de lucha por la tierra y la vivienda. La línea siempre fue la de menor resistencia.
En tanto, las cosas cambiaron, y mucho. Porque el PT, la CUT y el MST, las izquierdas, por su antiguo acomodamiento en la vía pacífica, defensiva, se entramparon justamente en el agotamiento de la institucionalidad. El Estado neoliberal, burgués, ladrón de dinero, y recortados de derechos sirve ex­clu­si­va­mente a los intereses de la burguesía y del capital en un sentido amplio. Esta forma de plu­to­cracia no tiene ya nada que ofrecer a las luchas reivindicativas, desarrollistas y defensoras de principios democrático-populares.
El cuadro, en fin, demuestra el equívoco cometido por los apologetas de la hegemonía del capital financiero, especulativo. El proyecto del capital en curso en Brasil incluye todos los intereses burgueses entrelazados y los contempla a todos, como se hizo en el pasado reciente, a pesar de la escisión ficticia. Pero ahora han tomado por asalto las instituciones para servirlos. Es el fin del contrato social o lo que eso significó en la tradición autocrática del Estado brasilero.
-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Qué efectos vislumbra para el país y su población hasta el próximo período electoral? ¿Cree en la hipótesis planteada por Vla­dimir Sa­fatle de que “2018 puede no existir”? (1)
Maria Or­landa Pi­nassi: No veo ningún cambio de rumbo en el país ni siquiera después de 2018. Todo el dineral gastado para mantener a Temer en el cargo es señal de que se pretenden realizar todas las con­trar­re­formas en curso dentro de la “normalidad” ins­ti­tuida por lo que podemos llamar una contrarrevolución democrática.
De un modo o de otro, hay una militarización iniciada en Brasil hace ya un buen tiempo. En realidad, nunca revistió, incluso con la redemocratización de los años 1980. Pero, estoy hablando aquí de una forma actual de militarización fuertemente amparada en tecnologías de represión. Sabemos que la periferia de la periferia esconde muchas Franjas de Gaza. Los métodos utilizados ahí, en Haití, son los mismos. Sabemos también que todo el empeño con la seguridad pública es para invertir dinero en el complejo industrial militar para reprimir barrios de la clase trabajadora más pobre, más vulnerable, más golpeada por la barbarie impuesta por el capital.
Además de la delincuencia que pasea en Brasilia y en los pasillos de los gobiernos de los estados y municipales, la “política de orden” cuenta hoy con una red bien articulada de provocadores profesionales que imponen con la violencia, la ho­mo­fobia, el ra­cismo, el ma­chismo, la in­to­le­rancia de las religiones afro-­des­cen­dientes, el fin de los derechos humanos. El MBL (2), por ejemplo, propone el fin de la tolerancia cero en las redacciones del ENEM (3) para los violadores de los derechos hu­manos.
Así, ¿qué amenaza popular se enfrenta a este gobierno ventrílocuo del gran capital? No veo ninguna. Lo que yo podría destacar de verdaderamente significativo son las luchas indígenas por la recuperación de sus tierras contra el hidro, el agronegocio y la minería. Esa es una forma de enfrentamiento no reivindicativa que se encuentra fuera de la institucionalidad, que no espera nada del Estado y está bajo el control directo de sus liderazgos, que no establecen ninguna relación jerárquica con los demás miembros de la comunidad. Por eso ellos mismos están siendo perseguidos y exterminados, sin que se levante siquiera un dedo en solidaridad con sus luchas.
En este momento, de rapiña descomunal de los recursos naturales del país, en que se profundiza una lógica de producción destructiva, si las izquierdas prestasen más atención a estas formas organizativas, tendrían más que aprender de que enseñar.
Notas de Correspondencia de Prensa
1) Vladimir Safatle, posible candidato del PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) al gobierno de San Pablo.
2) MBL (Movimento Brasil Livre), organización de ultraderecha, racista y homofóbica.
3) ENEM (Examen Nacional de Enseñanza Media).
Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa
socióloga y profesora de la UNESP (Universidad Estadual Paulista)

Fuente:

http://www.correiocidadania.com.br/

adminaldhea

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