Evo Morales ratificado

Evo Morales ratificado

Evo Morales ratificado

Era previsible. Evo Morales seguirá siendo presidente de Bolivia hasta el 2020, Ganó en casi todos los departamentos, a excepción de Beni. A falta de resultados oficiales, los sondeos a boca de urna realizados le asignan una victoria con entre el 59 a 61 por ciento de votos. La victoria es contundente, casi logró el control de dos tercios de escaños de la Asamblea Plurinacional. pero no logró el esperado 74 por ciento de votos. El victorioso MAS considera tener el aval para seguir con su pro capitalismo andino iniciado en 2005; la oposición se fijó como tarea principal el evitar una nueva reelección de Morales.

La victoria de Morales era previsible. Antes de las elecciones todas las encuestas le auguraban una victoria y la única duda era el porcentaje con el que el jefe del MAS sería ratificado en el gobierno.

Las encuestas a boca de urna realizada por equipos Mori dicen que obtuvo el 61% de votos, el candidato de Unidad Democrática, Samuel Doria Medina, obtuvo el 24%, Jorge Quiroga del Partido Demócrata Cristiano (PDC) logró el 9% de votos, Juan del Granado del Movimiento sin Miedo (MSM) logró el 3% lo mismo que Fernando Vargas del Partido Verde de Bolivia.

En términos de porcentajes, la votación a favor de Morales es inferior a la de 2009, pero en términos de resultado electoral es mayor. En 2009 Morales venció sólo en seis de los nueve departamentos; esta vez Morales venció en ocho departamentos, incluido en el hasta hace poco reacio departamento de Santa Cruz.

Según las encuestas a boca de urna, Morales controlaría 111 parlamentarios. En la Cámara de Senadores es previsible que logre 25 escaños, mientras que en la Cámara de Diputados es previsible que controle 86 curules, uno menos de los necesarios para controlar los dos tercios.

"Ha ganado la dignidad y la soberanía del pueblo boliviano y está dedicado a todos los pueblos del mundo que luchan contra el imperialismo", dijo Morales en una alocución pública después de conocerse los resultados de las encuestas a boca de urna.

La oposición, que todavía sufre las consecuencias de haber apoyado el considerado intento desestabilizador de 2009, se limitó a anunciar fiscalización al gobierno y evitar la reelección de Morales en 2005.

Una elección diferente

Probablemente las elecciones de la víspera fueron una de las pocas en las que no se discutieron propuestas, sino que los candidatos en si representaba el plan de gobierno. Morales representaba la continuidad del capitalismo andino que se aplica en Bolivia desde 2005, la misma que sobre la base de buenos precios de las materias primas, permitió la generación de nuevos grupos de poder, ya sean estos cooperativistas mineros, transportistas o cocaleros.

Tan segura era considerada la victoria de Morales que los líderes del Movimiento al Socialismo se habían fijado como meta el 74 por ciento de votos, 10 más que en las elecciones de 2009, cuando fue reelecto, y 20 más que en la elección de 2005.

La oposición de la derecha nunca puso en riesgo la reelección de Morales. Sus candidatos, Quiroga y Doria Medina, son considerados como representantes de un modelo económico y político—el (neo)liberalismo y la democracia pactada— que en la década de los 90 deterioró los niveles de vida de la población y que colapsó con la victoria popular en la llamada “guerra del gas” de 2003.

La actual oposición, dirigida por grupos de personas que controlaron la política entre 1985 y 2005, intentó agruparse, pero las ambiciones personales de sus líderes opositores les impidió articular una candidatura que haga frente al todavía dirigente cocalero y al final de la campaña electoral, el PDC terminó enfrascado en un dura polémica con la UD.

La transformación del MAS

Cuando Morales se convirtió en opción de gobierno en 2002, el MAS estaba formado casi en su totalidad por activistas de izquierda ligados a organizaciones sociales, entre la que sobresalía las Federaciones de Productores de Coca del Trópico de Cochabamba. La guerra del gas y la “agenda de octubre” —un referéndum para definir el destino de un proyecto de exportación de gas, la nacionalización de hidrocarburos, y una Asamblea Constituyente— hicieron de Morales presidente, quien se vio arrastrado a cumplir las exigencias populares. Frente a esa Agenda los sectores de derecha organizaron una oposición que polarizó Bolivia entre 2005 y 2010, proceso en el que los sectores más radicales —varios de ellos empresarios—habían comenzado a articular la “nación camba”, un movimiento separatista en el oriente. Fue en ese contexto en el que se desarrollaron las elecciones de 2009, en las que Morales se impuso con el 64% de los votos. Pero esa oposición fue derrotada, no por el gobierno de Morales, sino por los sectores sociales que con actitudes críticas al gobierno, salieron en defensa del llamado “proceso del cambio”.

Ahora en Bolivia la derecha clásica está derrotada y no es real oposición al régimen del MAS. Hasta 2005 la derecha representaba la eficiencia en el manejo de la economía, y por ello basaba su campaña política demandando estabilidad en el manejo económico y advirtiendo el riesgo de un descalabro económico, si un partido no liberal accedía a controlar el gobierno. Pero entre 2006 y 2014 el ingreso per cápita pasó de US$ 1.010 a US$ 2.750. Al mismo tiempo, el salario mínimo subió de US$ 72 a US$ 206. Las reservas internacionales llegan a $US 15.464 y el Fondo Monetario proyecta que este año Bolivia tendrá un crecimiento económico de 5,2%, el más alto de Sudamérica. Las bases de ese crecimiento no son resultado de reformas aplicadas por Morales. La bonanza económica es posible gracias a los buenos precios de las materias primas y también a los mayores ingresos generados por la explotación hidrocarburífera, tema en el que el gobierno de Morales apenas es un administrador de la legislación aprobada al impulso de la llamada “guerra del gas”. Los sonrientes números de la macroeconomía no sólo que le quitaron su principal argumento a la derecha , sino que también le quitó seguidores. En las elecciones de 2014 los movimientos separatistas no fueron más que una especie de mal recuerdo, de la que intentan desvincularse —si acaso no reniegan— varios de sus impulsores.

“Hemos acordado no tocar temas políticos y separarnos de ese sector empresarial que hacía huelgas de hambre, principalmente en Santa Cruz. Queremos dedicarnos a lo que nosotros hacemos, que es empresa”, dijo Daniel Sánchez, presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia.

En ese proceso de adaptación los empresarios aumentaron sus ganancias. Así los depósitos bancarios aumentaron de $US 2.879 millones en 2005 a $US 13-152 millones a fines de 2013, con una mora bancaria que bajó del 11,3 al 1,5% en el mismo período. En 2004 los bancos tuvieron una utilidad de $US 43,6 millones, en 2013 $US 212,6 millones. Y en Bolivia se dice que si los bancos ganan, es porque los otros sectores también lo hacen. De hecho, en las elecciones de la víspera Morales ganó también en Santa Cruz, la cuna de la “nación camba”, de la que varios de sus integrantes pasaron a formar parte del MAS a la par que empresarios aportaron para el cierre de campaña.

Entre los sectores empresariales son varios los que creen que Evo se aleja de las políticas chavistas y gobierna la macroeconomía con la seriedad de un estadísta. Esa conversión ha provocado un cambio en las base de Morales. E n las filas del MAS ahora están incluso integrantes de grupos de choque de movimientos fascistas y propagandistas de la oposición que ahora no pierden la oportunidad —si la tienen— de tomarse fotos con Morales, al que se dirigen como “mi presidente”.
En el otro extremo varios de los impulsores del movimiento que posibilitó la llegada de Morales al poder, critican la degeneración del llamado “proceso del cambio”, aunque sin articular todavía un movimiento de oposición.

Por lo pronto Morales ganó. Es y seguirá presidente. Tiene la presidencia y su movimiento se consolida en el poder.

Fuente: Bolpress.com

Decio Machado

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