Las Inversiones Chinas en América Latina

Las Inversiones Chinas en América Latina

Las Inversiones Chinas en América Latina

Por Carolina Viola Reyes / Fundación Alternativas Latinoamericanas de Desarrollo Humano y Estudios Antropológicos (ALDHEA)

El desarrollo industrial puesto en marcha en China desde los años ’70 ha logrado ubicar a esta economía en el centro del sistema económico y político internacional. En el 2010 el gigante asiático se convirtió en la segunda economía del mundo aportando con 9.104 millones de dólares al PIB mundial con una participación del 12,6%. El dinamismo de la economía China se refleja claramente en el consumo energético alcanzado en las últimas décadas, convirtiéndose en el principal consumidor de energía en el mundo. Esta tendencia, sumada al déficit de materias primas, ha determinado que las proyecciones de la US Energy Information Administration estimen que este año superará a los Estados Unidos como principal importador de petróleo en el mundo.

En este escenario, América Latina, que constituye una de las reservas globales más importantes de recursos naturales, se ha convertido en una plaza muy interesante para la expansión del capital chino, multiplicando su presencia hasta convertirse en el tercer socio por orden de importancia detrás de Estados Unidos y Europa; se espera que para el 2016 se convierta en el segundo socio comercial de Latinoamérica.

La diplomacia China ha sabido aprovechar el proceso desarrollista que se impulsa en la mayoría de los países de la región, convirtiéndose así en el socio número uno para la implementación de grandes proyectos de inversión pública. Según declaraciones recientes del Presidente Xi Jinping, se espera invertir en los próximos años 250.000 millones de dólares en América Latina, que se suman a los 240.000 millones ya invertidos en el periodo 2007-2012. Estas inversiones pasan por dos modalidades principales: la compra de materia prima (por ejemplo a través de las ventas anticipadas de petróleo) y el establecimiento de empresas de capital mixto.

El petróleo continúa a ser el mayor rubro de inversión en la región, esto explica porque los proyectos de mayor envergadura se encuentren Venezuela donde se han firmado acuerdos con la China National Petroleum Corporation (CNPC) y con Sinopec por un total de 42.000 millones de dólares para la intervención en la Faja del Orinoco, así como diversas líneas de financiamiento por más de 50.000 millones de dólares respaldado por ventas anticipadas de petróleo. Esta modalidad también ha sido aplicada con Brasil, Bolivia y Ecuador para el financiamiento de infraestructuras y otros proyectos. El segundo receptor por orden de importancia sería Brasil, donde una vez más son las reservas de aguas profundas del campo Tupi a despertar el interés chino, concretándose en la compra del 50% del paquete accionario de REPSOL en Brasil por parte de Sinopec en el 2010 y el 30% del paquete accionario de la portuguesa GALP en operaciones por un total de 12.100 millones de dólares; a esto se sumarían importantes préstamos por más de 10.000 millones de dólares destinados a Petrobras para el desarrollo de los nuevos descubrimientos off shore. En Argentina la China National Offshore Oil Corporation (Cnooc) ha pasado a ser la segunda petrolera solo detrás de la nacionalizada YPF, asociándose con esta última en el 2012 para la explotación de la reserva de esquisto de Vaca Muerta. Estos datos demuestran claramente la complementariedad entre la inversión China y su estrategia de abastecimiento de recursos naturales.

Por su importancia cabe destacar la presencia adquirida en la industria minera en Perú, donde la compra de la mina de cobre de Las Bambas le asegura el control del 35% del sector minero peruano. De igual manera resalta el aumento acelerado de las inversiones en Ecuador, que aunque de menor volumen relativo, crecen rápidamente expandiéndose desde el petróleo, a la minería, la seguridad ciudadana, la infraestructura y las telecomunicaciones.

¿Inversiones atadas?

Un elemento que cabe destacar es que la IED China opera bajo la modalidad de contratos EPC o “llave en mano”, atados a la contratación de empresas chinas. Esto implica que el mayor beneficiario de la IED China sean sus propias empresas, configurándose en una política de fomento de sus exportaciones que podría agudizar el déficit en la balanza comercial que mantiene con la región.

Riesgos y oportunidades

Indudablemente el flujo de inversión China representa una serie de oportunidades para los países de América Latina, que ven así la posibilidad de consolidar ambiciosos proyectos de inversión. Sin embargo, esta estrategia también responde al interés chino de ampliación de sus mercados e internacionalización de sus empresas, que podría afectar al desarrollo de las industrias nacionales si no son suficientemente competitivas. De ahí la necesidad de una adecuada ponderación entre las necesidades de financiación y la necesidad de proteger su propia industria aún en proceso de consolidación.

Fuente: Revista Ediciones Legales

Decio Machado

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