Impactos multidisciplinares de la inversión China en Ecuador

La creciente necesidad de China de productos básicos provenientes de actividades primario-extractivas ha derivado en notables incrementos de los vínculos comerciales entre Ecuador y China -de igual manera en toda la región- desde la década anterior al presente gobierno, así como también en un importante desembolso de IED en el país a partir de 2009 y en crecientes vínculos diplomáticos. Esto último es analizado por la mayor parte de analistas desde los términos de «oportunidades y amenazas» u «oportunidades y desafíos» para nuestro país. Otro enfoque usual es presentar a China como un nuevo posible hegemón con intenciones de desarrollar vínculos simétricos y cooperativos con nuestro país y el conjunto de la región. Esta situación resultaría, desde el discurso oficialista, en una superación de las tradicionales relaciones asimétricas que se han mantenido con otras potencias hegemónicas. Sin embargo esta aseveración resulta muy discutible en función de cómo se desarrollan las relaciones entre ambos países y el impacto en los entornos más inmediatos de los proyectos auspiciados por la inversión china. En este sentido esta investigación estaría destinada a caracterizar cuál es la estrategia de vinculación de China con Ecuador, discutiendo tanto el enfoque de las «oportunidades y desafíos» como con el que presenta los vínculos sino-ecuatorianos como «simétricos», y de igual manera cuales son los impactos de dicha inversión desde una perspectiva multidisciplinar, la cual incorporaría aspectos que van desde lo ambiental y económico hasta aspectos más relacionados con las formas de vida en las localidades y territorios directamente afectados.

Con el fin de discutir con mayor profundidad cuál es la estrategia de vinculación de la República Popular China con Ecuador (también por ende con el conjunto de la región), debemos tener en cuenta un elemento importante. Tras el significativo crecimiento industrial entre las últimas dos décadas del siglo XX e inicios del siglo XXI, la nación asiática abandona su posición de productor de manufacturas con contenidos tecnológicos reducidos o medios, para pasar a ser uno de los más importantes proveedores globales de productos industriales con alto contenido de valor agregado e intensivos en conocimiento. Dadas las altas tasas de crecimiento económico –con un promedio de 10% anual entre 1978 y 2011–, en China se incrementa la necesidad de varios productos básicos, tanto minerales e hidrocarburos como de alimentos. Asimismo, se verifica una importante expansión de la urbanización y el crecimiento del ingreso per cápita.

En este marco, el adecuado abastecimiento de energía y de productos básicos que provienen de actividades primario-extractivas resulta una condición necesaria para sostener el vertiginoso ritmo de crecimiento industrial e incluso para permitir gradualmente mayores niveles de consumo a la población asalariada urbana. Por lo tanto, el gobierno chino pasó a considerar este tópico como un asunto de Estado, y ello influyó en su estrategia a la hora de entablar vínculos con países como Ecuador, lo que a su vez genera un impacto en la forma de inserción de estos países y sus correspondientes regiones en el nuevo esquema de producción y acumulación global.

Por otro lado, la creciente resistencia social a las actividades extractivas y determinados megaproyectos que se están dando en el país, gran parte de ellos financiados por el gigante asiático, dificultan la gobernabilidad en los territorios donde estas impactan, produciendo una creciente generación de desplazados ambientales, ligados a la degradación del medio ambiente y, migraciones de las poblaciones que se ven privadas de sus medios de producción y reproducción tradicionales, tanto en la dimensión interna –campo/ciudad- con en su dimensión Norte-Sur. Esta situación comienza a demandar el avanzar hacia la construcción de alternativas, económicas, sociales y ambientalmente viables que incentiven la generación de capacidades que permitan superar la especialización extractivista y el neodesarrollismo al uso que lleva aparejado dichos procesos de capitalización estatal. Esto implica consolidar procesos de consenso y reflexión con los distintos actores involucrados, sobre los posibles escenarios de transiciones post-extractivistas, un análisis multidisciplinar de los impactos de la inversión china en nuestro país, baremos reales sobre los niveles de endeudamiento nacional –muchos de ellos camuflados como operaciones de preventa de petróleo por parte de la estatal ecuatoriana Petroecuador- y control sobre recursos naturales que este país asiático podría estar ejerciendo sobre el Ecuador.

Las relaciones diplomáticas y el intercambio comercial entre Ecuador y China no son un fenómeno reciente, dado que desde la década de 1950 –poco después de la proclamación de la República Popular–, China desplegó una retórica diplomática basada en los denominados «cinco principios de la coexistencia pacífica». Estos incluyen el respeto mutuo por la integridad territorial, la no interferencia en asuntos internos de otras naciones y el trato igualitario entre los países cuyas relaciones deben ser de beneficio mutuo. Sin embargo, el cuadro siguiente refleja la intensificación de los vínculos comerciales entre China y América Latina, posicionando la importancia del Ecuador en dicho marco. Hacia el año 2000, China no ocupaba un lugar privilegiado como destino de exportaciones u origen de importaciones de los países de la región. Para 2012, China representa, en casi la totalidad de los casos –con excepción de El Salvador–, uno de los tres principales proveedores de los países en cuestión. En cuanto a la creciente relevancia de China como destino de exportaciones, se verifica que la intensificación de los flujos comerciales se experimenta mayoritariamente para los países del Cono Sur, entre los que se destacan Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Venezuela, Colombia y Argentina. En el caso ecuatoriano, el control del petróleo nacional por parte de China es lo suficiente explicativo como para determinar la importancia de dichas relaciones comerciales tienen sobre el Ecuador actual.

De igual manera se hace necesario reflexionar sobre el volumen de los préstamos chinos al Ecuador y al conjunto de la región. Según el Instituto de Diálogo Interamericano, entre 2005 y 2013 los préstamos chinos a gobiernos, empresas estatales y firmas privadas en América Latina a través de los principales bancos chinos –Banco de Desarrollo de China y Eximbank- acumularon unos 102.200 millones de dólares. En el año 2013, de los 20.100 millones de dólares aprobados por China hacia América Latina, de los cuales una parte importante de estos irían destinados hacia el Ecuador, pendiente aun de cerrarse por completo la operación Refinaría del Pacífico.

Estos créditos chinos bordean el tipo del 6% de interés, y han sido ampliamente criticados por diversos analistas por considerarse onerosos, lo cual no ha sido desmentido desde las vocerías gubernamentales, las cuales los justifican por la facilidad a su acceso y el potencial de las inversiones a las que son aplicadas.

Es por todo lo anterior que la Fundación ALDHEA desarrollando un convenio de investigación establecido con la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) ha puesto en marcha desde el año 2015 un proyecto de investigación académica multidisciplinar sobre los impactos de la inversión china en el Ecuador, específicamente en lo que tiene que ver con la salud, la pequeña economía y la situación psicosocial de las poblaciones en las que se encuentran los proyectos con inversiones chinas en el periodo 2009-2015. La selección de casos para el estudio se enmarca en criterios sectoriales, diferentes territorios, realidades sociales y riqueza en biodiversidad. Todo ello dentro de un análisis nacional global.

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