¿Qué pueden las máscaras y las banderas? Una lectura del libro The Mask and the Flag de Paolo Gerbaudo

¿Qué pueden las máscaras y las banderas? Una lectura del libro The Mask and the Flag de Paolo Gerbaudo

¿Qué pueden las máscaras y las banderas? Una lectura del libro The Mask and the Flag de Paolo Gerbaudo

¿Qué pueden las máscaras y las banderas? Una lectura del libro The Mask and the Flag de Paolo Gerbaudo [i]

Alexandre F. Mendes [ii]

Introducción

Los levantamientos que sacudieron el mundo a partir de la llamada Primavera Árabe, recorriendo una intensa trayectoria que atravesó varios continentes, países y ciudades permanecen como un enigma para la percepción del horizonte político actual. Las dispersas chispas del gran incendio continúan quemando, del violento tablero geopolítico mundial a las mesas de investigación de analistas políticos; de las reuniones de las cumbres de los gobiernos e instituciones nacionales a la circulación diaria de mensajes, vídeos y memorias por las redes sociales. Pasada la fase del grito, un insistente murmullo continúa resonando, asumiendo múltiples formas que sólo aparentemente están desvinculadas de las mutaciones provocadas por las primeras protestas y acampadas ocurridas en el turbulento año de 2011.

El libro de Paolo Gerbaudo, titulado The mask and the flag: Populism, Citezenism and Global Protest (2017), publicado por la Oxford University Press, constituye una contribución más hacia el esfuerzo de compresión de este ciclo, siendo el resultado de una larga investigación teórica y empírica que culmina en un análisis que consigue, al mismo tiempo, acompañar las lineas finas del movimiento presente en las acampadas y captar un amplio paisaje del levantamiento a través de sus mutuas implicaciones, desde Egipto a los EUA, desde Turquía a Brasil. Si es que existe un trazado cinematográfico en el libro, este sería el de articular las técnicas del travelling y de la panorámica, ofreciendo al lector un paseo en el cual él puede insertarse en las discusiones de una asamblea popular en Barcelona para, luego, ser lanzado en grandes estructuras plasmadas por cuadros comparativos.

Es a través de este método que el libro construyo su argumento principal: la gran innovación que trae consigo el movimiento de las acampadas es la producción de una práctica y de una concepción de ciudadanismo que articula, tanto dimensiones autonomistas y neo-anarquistas de la generación post 68’, y elementos que podrían ser caracterizados como “populistas democráticos”, hibridando el repertorio de dos tradiciones que durante todo el siglo XX se repelerán de manera recíproca (representadas por la máscara de Guy Fawkes y las banderas nacionales). De este modo, este populism turn, que pasa a remecer los hilos largos de las formas de lucha asentadas en las últimas décadas, conformaría el principal elemento de análisis practico-teorico del nuevo ciclo y el propio terreno que define las condiciones de acción política en la actualidad (ídem, pág. 15)

A su vez, el giro populista constituyó también el punto ciego de una serie de teorías que intentaran explicar el movimiento de las acampadas de 2011-2016. La línea neo-anarquista (representada por autores como David Graeber, Mark Bray, Zibechi, Marina Sitrin, Darío Azzellini, etc.) acierta a percibir el fuerte tono libertario y el llamado a la autorganización, pero no consigue entender que esos movimientos componen un mosaico más amplio, en el cual se incluye el populismo democrático (GERBAUDO, P, 2017, pág. 13)

La línea crítica marxista (representada en autores como Jodi Dean, Slavoj Zizek, Alain Badiou, etc.) vislumbra en los levantamientos un momento de ruptura con el pálido continuismo histórico que predominó en las lecturas conformistas sobre la victoria de la globalización capitalista desde la década de 1990. Pero al acercar esa ruptura con una "idea de comunismo" revela un alejamiento con la realidad de las acampadas, que no podría ser explicada por un nuevo clamor comunista, sino por el problema central de la democracia y del funcionamiento de sus instituciones (ídem, p. 14).

Finalmente, la línea de interpretación “tecnopolítica” (incluyendo trabajos de W. Lance Bennett, Manuel Castells, Jefrey Juris, Javier Toret, entre otros, y el libro anterior del propio autor, titulado Tweets and the Streets) es muy exitosa al analizar la importancia de la cultura de red en las nuevas formas de comunicación, deliberación y organización de los movimientos, pero falla al no englobar la totalidad de la experiencia social, incluyendo los deseos y miedos emergentes en una época de crisis sistémica (ídem, p.15).

El propósito de Gerbaudo, entonces, es desarrollar una comprensión de los movimientos de las acampadas y del ciudadanismo a partir de la irrupción de una “insurrección populista”, centrada en las demandas por “soberanía popular, igualdad económica y la restauración de un verdadero espíritu democrático” (ídem, pág. 15). El retorno de un zeitgeist populista aparece como un intento de frenar los impasses y bloqueos derivados de un mundo destrozado por la crisis económica y política provocada por décadas de gobiernos neoliberales por una creciente incredulidad en el liderazgo de grandes empresarios, de entidades de la sociedad civil , de corporaciones de medios, de entidades representativas de clase y de partidos políticos a la izquierda o a la derecha. Esta verdadera oligarquía incrustada en los gobiernos de países tan diversos es la protagonista o cómplice de operaciones político-económicas que se asemejan cuando el asunto es corrupción, autoritarismo, saqueo generalizado y elitismo

Un movimiento de ciudadanos y no de activista

Es en las ciudades y metrópolis acosadas por el terrible atropello provocado por megaeventos, grandes emprendimientos inmobiliarios, desvío y mala utilización de fondos públicos, gigantescas obras públicas con finalidades dudosas, propinas y consorcios mafiosos entre Estado y mercado y encapsulamiento autoritario del sistema político, que ese proceso de (des)democracia se torna más visible y gana contornos dramáticos. En la cima de las operaciones, en casos como Egipto, Túnez, Grecia, España, EUA, Turquía y Brasil, se aglutina una red de políticos, empresarios, altos funcionarios del Estado, miembros de los principales poderes constituidos, el propio primer escalafón de los gobiernos y, en los casos de las monarquías, miembros de la familia real.

Las acampadas surgen como un micrófono estridente contra todas esas prácticas, pero también como espacio de una poderosa alianza que articula nuevas figuras subjetivas advenidas de las situaciones de pobreza, precariedad y pérdida de expectativa con relacion al futuro. Más allá de eso, diferenciado de la configuración del movimiento antiglobalización de finales de los 90’s y de inicios de los años 2000, aunque muy restringidos a los circulos activistas y “politizados”, el movimiento de las acampadas se desparrama en todas direcciones, marcado por una gran aprobación publica, una participación directa inédita de la población (casi 10% en algunos casos) y la fuerte presencia de personas que se caracterizan como “ciudadanos comunes”, en lugar de identificarse por una organización política o una red de militancia. En la feliz síntesis de uno de los entrevistados: “Es un movimiento de ciudadanos y no un movimiento de activistas” (ídem, pág. 51)

Una de las herramientas analíticas utilizadas por Gerbaudo para lanzar luz a los nuevos y originales aspectos del ciclo de las acampadas es exactamente cotejarlo con las iniciativas de lucha que el caracteriza bajo el signo de “movimientos post 68’”, en especial el ciclo de luchas antiglobalización del final de la década de 1990. Por lo tanto, del punto de vista de la estrategia política, en cuanto el movimiento antiglobalización tiene su foco en la critica a las agencias multinacionales y a los foros internacionales, lo que muchas veces le confería un tono abstracto y distante, el ciclo de las acampadas busco afectar directa y concretamente figuras que encarnaban la oligarquía (políticos, empresarios, dictadores, etc.), adoptando el espacio nacional como terreno de enfrentamientos (sin rechazar los intercambios internacionales). En vez de gritar contra el FMI, la OMC o el G8, las acampadas y las protestas veían en Mubarak, Gadafi, Ben Ali, o Goldman Sachs, Lehman Brothers, el “PPSOE” – y podríamos incrementar la lista con Eike Batista, la familia Barata, Cabral, etc. (ídem, pp. 113-135).

Desde el punto de vista de la composición, en cuanto el primero poseía como base social-territorial un amplio archipiélago de movimientos, comunidades autogestionadas, organizaciones civiles, centros sociales, espacios de contracultura y contrapoder minoritario, el segundo apela hacia una idea de mayoría y busca la formación de identidades populares sincréticas e inclusivas (por ejemplo: “somos el 99%”, “somos todos Amarildo”, Nosotros los ciudadanos”, etc.). De este modo, si el movimiento antiglobalización desarrolla una gramática volcada hacia el círculo del activismo y una práctica cultural contraria al mainstream, las acampadas intentan dirigirse a los “simples” ciudadanos, a través de una gramática de lo cotidiano, del sentido común y de las practicas que apelan al deseo de una vida normal libre de las oligarquías (ídem, pp. 89-113)

En lo que se refiere a la relación con el Estado, mientras que el ciclo antiglobalización condensa prácticas de autogestión, de autonomía local y de estrategias de lucha contra el estado; el segundo desarrolla una estrategia de "asalto a las instituciones", buscando a través de una apertura hacia la ciudadanía y la lucha contra la oligarquía, la transformación de las estructuras del estado hacia una democracia renovada. La lógica de la multitud es substituida por la construcción de un pueblo que despierta y se une para retomar el control de instituciones carcomidas por la pérdida completa de legitimidad derivada de los pactos mafiosos que sustentan la casta política y económica.

Estas distinciones producen efectos en la propia forma del movimiento de ver el papel de la ocupación de las plazas y la construcción táctica de las acampadas. Primero, en tanto el movimiento antiglobalización montaba sus campamentos en lugares distantes, posicionados de acuerdo con la acción directa a ser organizada contra los foros internacionales, el movimiento de 2011 sitúa el acampe en el lugar más central posible, volviendo el espacio más accesible e inclusivo. Segundo, mientras el movimiento antiglobalización compartía a través de las ocupaciones una subcultura activista y claramente de izquierda, el movimiento de las acampadas utiliza la plaza para hacer circular una cultura ciudadana, basada en el habla y la experiencia del ciudadano común. Mientras que la tendencia neo-anarquista y autonomista ve en los campamentos un laboratorio de autogobierno, o una experiencia de "producción de lo común", el populismo insurreccional trata las plazas como un espacio de resonancia que envuelve amplios sectores de la sociedad, evitando el encapsulamiento de la ocupación en interior de una experiencia únicamente activista (ídem, pp. 157-181).

La última distinción puede ser hecha con relacion a las prácticas de comunicación e interacción con los participantes del movimiento y con la sociedad en general. Mientras los movimientos antiglobalización desarrollaran una seria de creaciones orientadas para el uso autónomo de la tecnología, a través de plataformas de comunicación, servidores propios, software libre y redes sociales (experiencias como Indymedia, o Riseup, o N-1, etc.), las acampadas y las protestas del ciclo 2011 inundaran también las redes sociales mayoritarias, utilizando predominantemente Facebook y Twitter. El objetivo sería alcanzar el público más amplio posible, garantizando también una amplia participación de ciudadanos que utilizan esas herramientas en el cotidiano. Por lo tanto, la cyber cultura, o la cultura digital libre, que se produjo en las décadas anteriores acabase articulando como una nueva especie de “cyber populismo”, menos autónoma en relacion a la gestión, sin embargo con más capacidad de alcanzar simultáneamente a millones de personas (ídem, pp. 135-157).

Un ciudadanismo con lógicas diferentes

Sin embargo, a pesar de las distinciones entre estas dos tendencias, Gerbaudo percibe en el ciclo de 2011 una composición híbrida que articula prácticas neo-anarquistas y prácticas populistas democráticas. La nueva concepción de ciudadanía forjada en las acampadas no puede ser explicada sólo por el repertorio populista tradicional (liderazgo carismático, partido anti-sistema y democracia plebiscitaria), sino por la articulación de dos lógicas distintas: a) acción participativa contra estructuras burocratizadas y jerarquizadas, valorizando procesos más horizontalizados y que respetan la singularidad de los individuos; b) acción de masa, que piensa la construcción de políticas populares por la unión del pueblo y por procesos más verticalizados Para el autor, la combinación de las dos lógicas, resultó en una acción a gran escala que no precisó hacer referencia a ninguna institución de masa, ya que el tejido que fabricó el pueblo como sujeto de acción estaba compuesto de un amplio rizoma que se remonta al estilo de lucha post-68 (ídem, p. 76).

Así, para Gerbaudo, dentro del populist turn que emergió en los últimos años, hay también un "giro libertario" que indica la particularidad de la actual reinvención del ciudadanismo en el contexto de las acampadas. Esto significa una diferencia cualitativa con respecto al colectivismo exacerbado, a los métodos verticales de toma de decisión, a la figura del liderazgo carismático y de los aparatos burocratizados. El nuevo ciudadanismo social articularía una amplia alianza contra la oligarquía, pero sin renunciar a la profundización de la participación social, la necesidad de reformas políticas democráticas, de garantías relacionadas con la justicia social y un ethos libertario relacionado con la creatividad y la autorrealización. En la síntesis del autor, este "anarco-populismo" sería: "populista en el contenido, pero libertario o neo-anarquista en su forma" (ídem, p.17).

Esa relacion también estuvo presente en las dinámicas de las asambleas populares, que innovaran al apuntar hacia la creación de un ámbito que refuerza la idea de unidad y de amplia inclusión en los procesos de decisión de las acampadas. Por esto, a diferencia de las asambleas realizadas en el circuito activista de los movimientos anteriores, las nuevas acampadas tuvieron que lidiar con una participación en masa que, en muchos casos, se dio a conocer como un “verdadero parlamento del pueblo” (ídem, p. 184). Por otra parte, una serie de limitaciones fueron evidenciadas a través de los innumerables conflictos involucrando reglas de participación, organización interna de la acampada, procesos interminables de discusión, grado de centralización del espacio de decisión, falta de objetividad en los debates, llevando también a momentos de parálisis, desánimo y vaciamiento de las ocupaciones (ídem, p. 203).

Para Gerbaudo, la estrategia de "asalto de las instituciones" gana fuerza en la misma medida en que la dinámica de ocupaciones y asambleas empieza a evidenciar sus límites e impasses. Animados por un espíritu colectivo y de solidaridad, activistas empiezan a pensar en campañas y organizaciones más estructuradas, incluyendo nuevos partidos políticos. Es el momento de afirmación de una "ola de renovación cívica" que, en la estela de una política ciudadana y participativa, utiliza las prácticas y el léxico de las acampadas para dirigirse a las instituciones en crisis. Además de la emergencia de nuevas organizaciones, campañas y movimientos el día después de las acampadas también testimonia la renovación a la izquierda que fomentó el surgimiento de partidos como Podemos (España), Syriza (Grecia), la campaña de Bernie Sanders (EEUU) y Jeremy Corbyn (Reino Unido), el crecimiento del Partido Democrático Popular (Turquía), además de formaciones municipales que cargan una herencia más libertaria y neo-anarquista (ídem, pp. 223-231).

Aunque todos los límites demostrados por esas experiencias sean reconocidos (la brevedad del ciclo de las asambleas, las tensiones con relación a la cuestión del liderazgo, el fracaso de algunas propuestas electorales como la de Syriza, el ascenso de un populismo de derecha que disputa el mismo terreno en el norte de África, etc.), Gerbaudo afirma la positividad del movimiento de las acampadas como el "año cero" para un nuevo progresismo del siglo XXI. Y tal vez el rasgo marcante de este nuevo horizonte sea la posibilidad de combinar dos exigencias que aparentemente son contradictorias: autonomía, auto organización local, participación directa y la producción de nuevas instituciones a gran escala a partir de la estrategia de "asalto" al estado y, apertura de nuevos acuerdos institucionales. Si las acampadas no realizaron inmediatamente el deseo de una democracia real, anclada en la amplia participación de los ciudadanos y en la expulsión de la Oligarquía, ellas extendieron por el mundo "la profecía de una democracia que viene" (ídem, p. 246).

Un movimiento híbrido y enigmático

El recorrido argumentativo conducido por Gerbaudo, a partir de un vasto material empírico, valora un conjunto importante de cuestiones relacionadas al ciclo de la Primavera Árabe que son indispensables para una comprensión no enclaustrada y reducida del fenómeno. El texto es inmediatamente político por ofrecer herramientas para un desplazamiento que rechaza formas de percepción centradas en prácticas y lecturas ya asentadas en la tradición de izquierda o de los círculos activistas que participaron en las luchas de las últimas décadas. Por otro lado, como será abordado en este texto, el autor parece no llevar ese descentramiento a las últimas consecuencias, buscando una solución de "medio" basada aún en categorías preestablecidas, con consecuencias también políticas.

Así, sin duda, el rasgo más importante del libro es reconocer que el movimiento de las acampadas, sobre los escombros de la crisis de 2008 y de la pérdida de legitimidad del sistema político a escala mundial, produjo actores que son verdaderamente "monstruosos" (ídem, p 30). Para Gerbaudo, la metáfora es utilizada por ser "muy pertinente con relación a la característica híbrida y enigmática del movimiento de las plazas, y sus respuestas contradictorias para el período de crisis e inestabilidad" (ídem). El movimiento ofrece, por lo tanto, una gran dificultad para aquellos que desean rechazar ese carácter híbrido y el complejo mosaico que se formó en todos los países atravesados por los levantes.

El punto de partida alcanza buenos resultados. A través de él, el autor puede caracterizar el enfrentamiento a las banderas de los viejos partidos y movimientos sociales, no como preñado de fascismo y de ignorancia, sino como un "un movimiento iconoclasta" que fuerza el "abandono de todas las identidades izquierdistas preexistentes" y sus "exhaustas iconografías" (ídem, pág. 109). Por otra parte, el fenómeno mayoritario producido por la inédita participación de millones de personas es analizado como una gran y heterogénea alianza de personas comunes en busca de más democracia, y no por la premisa cerrada de que toda mayoría es conservadora y reaccionaria (ídem, p. 94). La amplia participación de la población constituye la base para una nueva concepción de ciudadanía social, y no un elemento heterogéneo que debe incorporarse a la gramática de los círculos activistas. El lema "nosotros dormíamos, nos despertamos", presente en un cartel de la Puerta del Sol (Madrid), es leído como el despertar de un nuevo terreno de lucha por la democracia, y no como la intrusión de los "despolitizados" en el terreno tradicionalmente conducido por la izquierda.

El propio rechazo de la dicotomía izquierda y derecha por el movimiento de las acampadas traduciría un intento de producir una alianza más amplia, un nuevo sujeto revolucionario híbrido que confronta políticamente la oligarquía, y no un signo de despolitización generalizada o un signo de que, incluso de forma disfrazada , el movimiento es "de derecha". La denuncia con respecto a las prácticas de corrupción, la referencia a los políticos e instituciones corruptas en cada país no son un signo de moralización conservadora o de abstracción del movimiento, sino una estrategia política concreta para enfrentar la expropiación de la democracia a través de una percepción compartida por toda la población. La indignación no es una forma resentida o irracional de hacer política, sino que debe ser entendida como una exigencia para que los ciudadanos se vuelvan "miembros activos de su comunidad política con una voz igual en todas las decisiones importantes" (ídem, pág. 7).

Todos estos ejemplos apuntan a un conjunto de prácticas que desplazó la cultura activista de los años anteriores y produjo un extrañamiento (en algunos casos una verdadera repulsa) que hasta hoy predomina en los espacios que se reconocen como "de izquierda", punto que fue intensamente explotado por la reacción (como veremos en el próximo tópico). Por otro lado, lo que garantizó la fuerza de los levantes fue exactamente su carácter híbrido y su escala inédita. La innovación reside precisamente en la conexión improbable entre los "laboratorios del común" que se forjaron en las plazas y en las protestas callejeras y la amplia participación social que ocurría de forma difusa e inesperada (el ejemplo brasileño siendo la famosa encuesta promovida por el presentador José Luiz Datena, cuando los telespectadores aprobaban las protestas incluso con "baderna").

Así, el libro enfrenta cuatro tendencias de análisis que aún predominan sobre el movimiento de las acampadas. En primer lugar, un linaje que acaba exasperando la percepción y la experiencia de los círculos activistas, ignorando todo un conjunto complejo de participaciones, apoyos y movilizaciones sociales que ocurrieron por fuera de su subcultura (las movilizaciones de los "despolitizados"); segundo, un linaje que reconoce ese mosaico heterogéneo, pero lo reduce al campo conservador, reaccionario y hasta fascista; el tercero, una lectura que concluye que el sentido del movimiento fue conservador en general, calificando a los activistas de ingenuos, irresponsables o manipulados, abriendo la caja de Pandora del conservadurismo; por fin, en el propio campo conservador, una línea que, mirando hacia atrás, ve en las acampadas el momento de unión del pueblo contra una fase histórica permisiva basada en el exceso de derechos, libertades y conquistas democráticas.

Estos cuatro linajes operan como un regulador moral de la experiencia de las acampadas y de las protestas, depositando su capa de plomo sobre la riqueza híbrida y enigmática del movimiento. Se trata de un juicio permanente que busca conformar la potencia de lo disforme que proliferó a partir del ciclo a categorías políticas, teóricas y morales preestablecidas, teniendo como efecto el propio cierre del movimiento en formas deterioradas e impotentes (por ejemplo, las actuales guerras culturales y de narrativas que ocurren en Brasil). Al afirmar que el ciclo de las acampadas sigue siendo el terreno sobre el que debemos pensar la democracia hoy, el libro de Gerbaudo restablece, contra esas tendencias, la actualidad de su dimensión ético-política y el desafío de una acción política que continúe siguiendo la chispa del gran incendio.

Una lectura a partir de América Latina

Es preciso, sin embargo, preguntar hasta qué punto el propio autor consigue mantenerse a la altura de su metodología y de los enigmas y monstruosidad de las fuerzas de transformación producidas en las acampadas. ¿Hasta qué punto sería posible incorporar esas fuerzas a categorías del pensamiento político (autonomismo x populismo democrático), sin perder algo que se desliza del campo conceptual existente? El artificio de encontrar un tercio genus (el "anarco-populismo": anarquismo en la forma, populismo en el contenido) es suficiente para encuadrar todas las partículas que escaparon y turbinaron el ciclo de las acampadas?

El problema comienza en la confrontación analítica entre el movimiento antiglobalización y el movimiento de las acampadas, recurso utilizado por Gerbaudo para evidenciar las especificidades de este último ciclo. Aunque el mecanismo ha sido exitoso para describir algunas características propias del movimiento de 2011, el análisis del movimiento antiglobalización parece haber sido amputado de elementos importantes para que la dicotomía funcionara perfectamente.

El Foro Social Mundial, por ejemplo, se caracteriza como un espacio en red formado por organizaciones heterogéneas que son celosas de su autonomía y diversidad (ídem, pág. 188). El movimiento antiglobalización es descrito, recordamos una vez más, como un archipiélago de pequeñas unidades sociales, individuos, colectivos y comunidades locales sostenidas por el principio de la autodeterminación y autorganización. En efecto, el concepto que, para Gerbaudo, podría mejor traducir esa multiplicidad sería el de "multitud", utilizado por Antonio Negri y Michael Hardt para dar cuenta de una multiplicidad que está formada por singularidades irreductibles (diferencia) [iii].

El libro parece, así, caracterizar de forma bien homogénea un ciclo que, sin duda alguna, también fue objeto de importantes divergencias con relación a diferentes plataformas políticas y formas de organización. En el artículo sobre el FSM de Porto Alegre, titulado Today's Bandung (2002), Michael Hardt comenta que el clima festivo, celebratorio y hasta caótico podría haber llevado al vaciamiento de la "más importante diferencia política que atravesó el Foro": la cuestión de la soberanía nacional .

Para el filósofo americano, en tesis que ya había sido largamente desarrollada con Antonio Negri en el libro Imperio (2000), existían en el FSM dos posiciones que buscaban responder a las fuerzas dominantes de la globalización: la primera, parte del fortalecimiento de la soberanía nacional para reivindicar barreras y mecanismos defensivos contra la injerencia del capital global; la segunda, asume el terreno de la globalización para, cuestionando el capital tout court (regulado o no), construir resistencias por dentro de las relaciones de poder globales (HARDT, M. 2002, pág. 115).

Para Hardt, la tendencia soberanista era capitaneada por el Partido de los Trabajadores (PT), que servía el evento, por la ATTAC (Asociación para la Taxación de las Transacciones para la Aide aux Citoyens) y por la dirección del Le Monde Diplomatique, obteniendo una posición mayoritaria a través de la participación en las actividades y mesas centrales del FSM y atrayendo a la mayoría de las organizaciones centralizadas. La tendencia alterglobalista, por su parte, fue expresada por una miríada de movimientos en red que seguían las prácticas y la gramática probada en las luchas anteriores de Seattle, Génova y Buenos Aires, logrando sólo una posición minoritaria en el evento (ídem).

Otro capítulo de esta divergencia fue la propia recepción del libro Empire por autores de la izquierda soberanista presentes en el FSM que vieron en el libro una amenaza a la posición antiimperialista de defensa de la soberanía nacional que buscaba establecer un frente contra las estrategias de dominación conducidos por los Estados Unidos. En la famosa crítica de Atílio Borón (2004), Negri y Hardt son rechazados como "complacientes al Imperio", como cómplices de una visión del capitalismo "cultivada con esmero por las principales escuelas de negocios de Estados Unidos y Europa" (BORON, 2004, p. 16), como autores de un libro, no por casualidad, "aclamado como una verdadera revelación por los medios de comunicación más importantes del mundo e íntimamente asociados a la estructura imperialista" (ídem, pág. 156).

Por lo tanto, está lejos de ser consensual la estrategia más "autonomista" asumida en el contexto de los movimientos antiglobalización en la búsqueda del espacio global como terreno de actuación. Por el contrario, el debate sobre el papel de la soberanía nacional y de las formas de resistencias pensadas desde el Estado-nación fue central durante todo el ciclo, colocando, por un lado, partidos de izquierda y organizaciones centralizadas y de otro, movimientos en red y los defensores de la auto-organización. El propio concepto de multitud, fabricado para dar cuenta de ese último mosaico, fue a menudo cuestionado por producir una "dilución de las luchas revolucionarias" y el abandono de una posición de clase o de base popular (PETRAS, J. 2001, pag.28) .

Además, no sólo el ciclo antiglobalización adquirió una conformación nacional en varios países de la región (el caracazo venezolano, los piqueteros argentinos, las protestas contra las privatizaciones en Brasil, la guerra del gas y del agua en Bolivia, los movimientos indígenas y urbanos en Ecuador, etc.), como alimentó cambios efectivos en los gobiernos de esos países. Y, una vez más, el debate entre vertientes soberanistas, populistas o herederas del nacional-popular y autonomistas, neo-anarquistas y movimientos en red estuvo presente, yendo de la discusión entre el concepto de Pueblo y la multiplicidad de nuevos sujetos políticos en las constituyentes de Bolivia y Ecuador, al papel de la cultura libre y digital en la conformación de nuevas políticas públicas en los gobiernos recién llegados, como en Brasil [iv].

Al suprimir la gran influencia de la tradición soberanista y nacional-popular lationoamericana en el contexto del ciclo anti-globalización, Gerbaudo acaba por menospreciar todo el histórico de reflexión sobre el reciente ciclo populista en el Continente y sus efectos en la terrible crisis que ahora emerge en el interior de esa tradición. La crisis sólo merece un pequeño comentario en pasant que indica que hay actualmente un giro autoritario realizado por parte de esos gobiernos (GERBAUDO, 2017, pag.77). Después de esa pequeña advertencia, que no encuentra ninguna profundización durante el libro o relación con la estrategia populista en general, los gobiernos son destacados por haber tenido fuertes "vínculos con movimientos populares" o, en el caso brasileño, "una fuerte relación con el movimiento de los trabajadores y varias movilizaciones populares "(ídem, p. 213).

La poca atención dada por el libro al populismo latinoamericano acaba produciendo efectos transversales que afectan todo el análisis, no restringiéndose sólo a la caracterización de los embates bloqueados en el FSM y en el contexto de las luchas antiglobalización. En cuanto a los impactos de la crisis global de 2008, por ejemplo, Gerbaudo centra su análisis, como ya se ha mencionado, en los efectos causados por la "ideología neoliberal de libre mercado" (ídem, pág. 43), con la producción de un batallón nuevos pobres y personas precarizadas, en especial jóvenes, que después compusieron el frente de batalla del ciclo de las acampadas.

Aunque la premisa puede ser aceptada de forma general, desde el punto de vista de América Latina el análisis debe cambiar considerablemente. El impacto de la crisis global en la región, incluyendo la pérdida de legitimidad de las fórmulas neoliberales presentes en los propios gobiernos, provocó un agravamiento en las políticas neodesarrollistas y neo-extractivistas, con la profundización de nuevas formas de populismo económico y político (el último ganando contornos caricaturescos conforme la crisis se acentuaba). A diferencia de los ajustes fiscales practicados por la oligarquía financiera en Europa en el post-2008, los "gobiernos progresistas" respondieron, no a través del fortalecimiento de sus previas tendencias neoliberales en el campo de la estabilidad económica, sino que encontrando en la crisis un medio de ejercer un giro "anti -neoliberal ", de cuño neonacionalista, satisfaciendo al mismo tiempo un grupo de grandes empresarios privilegiados y todo el arco de la izquierda soberanista que agitaba sus manifiestos en el FSM y otros lugares.

Brasil, después de Venezuela, tal vez, sea el caso más visible del deterioro producido a partir de la elección de Rousseff, por Lula, para concurrir a la presidencia y la consecuente adopción de una "Nueva Matriz Económica", que en realidad traducía, gran parte, una vieja apuesta económica a partir de acentos nacional-populistas: a) política fiscal liberada de las preocupaciones con relación a la inflación; b) el protagonismo de los bancos estatales a través de transferencias del Tesoro; c) proteccionismo arancelario; d) estímulo a la formación de grandes players nacionales (actualmente todos quebrados o en fusión con grandes multinacionales); d) reducción forzada de los intereses; e) intento de establecer un populismo arancelario, en especial en el suministro de energía eléctrica; f) estímulo a grandes obras y emprendimientos con el rescate, incluso, de proyectos nacionalistas de la dictadura militar; g) la promoción de megaeventos (Copa del Mundo, Olimpíadas), con el intento de exhortación de un orgullo nacionalista, calificando a sus críticos de pesimistas o ignorantes del protagonismo asumido por Brasil en el contexto global; h) estímulo inédito al agronegocio que pasa a ser considerado uno de los principales sectores productivos brasileños; i) la amplia utilización de los fondos públicos para inversiones relacionadas con la "nueva matriz", produciendo una nueva casta de gestores, en parte oriundos de la izquierda nacionalista y sindicalista, y posteriormente una crisis financiera en los activos de los mismos fondos; j) adopción de una estrategia militar basada en la idea de defensa nacional, con el desarrollo de submarinos atómicos y adquisición de cazas de combate, entre otros ejemplos [v].

Este conjunto de medidas, que produjeron un consenso autoritario con reflejos inmediatos en las pocas brechas democráticas producidas en los años anteriores, aún bajo el empuje del ciclo alterglobalización, está en la base de la gran ola de indignación que emerge en Brasil en junio de 2013. A diferencia de las acampadas que en el marco de una profunda retracción económica en Brasil, junio de 2013, constituyó un fenómeno de videncia con respecto a los efectos del giro populista en la economía y la política, encontrando eco en otras luchas que ya estaban ocurriendo en Bolivia, Ecuador, Argentina, Venezuela, contra las torsiones soberanistas realizadas por los "gobiernos progresistas" [vi].

Si, por un lado, la ausencia de un análisis cualitativo con relación al ciclo latinoamericano permite a Gerbaudo mantener el funcionamiento de la dicotomía que anima el libro (neo-anarquismo y populismo democrático y la salida por el tercio genus), por otro, y en la comprensión de la emergencia de junio en Brasil, pero en las propias consideraciones sobre los desdoblamientos de los levantes brasileños. A diferencia de las claras consideraciones sobre la reacción autoritaria en los gobiernos de los países árabes, Gerbaudo prefiere no analizar el papel del gobierno de Dilma en la organización de la represión a los movimientos y el papel de la izquierda dominante en la destrucción política y subjetiva de la alianza monstruosa que articuló los círculos activistas a las circularidades más amplias de la sociedad en general.

Para llenar el vacío, el autor acaba apelando a brechas simplistas entre "derecha" e "izquierda" que ya estaban bajo un cuestionamiento mucho más interesante en el análisis de las características del nuevo ciudadanismo. La simplificación se hace evidente cuando el autor, aunque reconociendo la insatisfacción generalizada contra el gobierno de Dilma, afirma que en Brasil "las protestas fueron en su mayoría explotadas por la derecha" (ídem, 220), o que hubo a partir de marzo "una escalada de la derecha "[vii], sin dejar ningún espacio para una percepción de la indignación dotada de más matices, por fuera del esquema" todo o nada ". En otro ejemplo, el colectivo Fuera del Eje y el proyecto Media Ninja aparecen como "la más famosa media alternativa que emergió de las protestas del Movimiento de Junio" (ídem, pag.21), sin ninguna referencia a la verdadera trayectoria político-cultural del segundo colectivo, de organización autónoma a brazo cultural y mediático subordinado al FdE, al gobierno de Dilma y al Instituto Lula [viii].

En los propios marcos de análisis establecidos por Gerbaudo, en el recorrido del libro, habría sido mucho más adecuado buscar comprender, en primer lugar, cómo los gobiernos progresistas acaban, principalmente a partir de la crisis de 2008, fortaleciendo y reconfigurando relaciones oligárquicas tradicionales - del agronegocio, a los nuevos gestores de fondos públicos, de grandes empresarios "nacionales" a agentes del sistema de justicia, de gestores del mercado financiero a una nueva capa de burócratas. Segundo, cómo el ciudadanismo podría constituir un campo de antagonismo en tensión permanente que extrapola tanto los círculos activistas de la izquierda, como los intentos de canalizar la indignación hacia plataformas neoconservadoras.

Vale hacer notar también que los análisis europeos sobre el problema en la permanencia del “extractivismo” en la región, que Gerbaudo parece seguir, no dan cuenta de la reconfiguración que ocurre en el contexto del populismo latinoamericano, fenómeno intitulado por Raúl Zibechi y Decio Machado como: " las nuevas élites bajo el marco del progresismo ", a partir del análisis del caso brasileño y boliviano (ZIBECHI, ​​R. MACHADO, D. 2017, pp. 89-127). Esta reconfiguración presupone una mutación cualitativa radical en el campo del "viejo desarrollismo" y del extractivismo, insertándolos en un nuevo ideario de flexibilización productiva, dotación y modernización en infraestructura, formación de capital humano, protección a la propiedad industrial y patentes, acuerdos con transnacionales para el suministro tecnológico, pragmatismo del Estado en el incentivo a determinados sectores vistos como estratégicos y estímulo al agronegocio como forma de aumento general de la rentabilidad y capitalización (ídem).

Por lo tanto, por más que al inicio de los levantamientos de 2013 el gobierno federal no fuera el blanco prioritario de las protestas, la necesidad de mantener el pacto oligárquico de bases neodesarrollistas resultó, primero, en la inercia en atender a los deseos y aspiraciones de los manifestantes y de los ciudadanos en la estrategia de represión generalizada y difusión del miedo y, finalmente, en un intento de retomar la legitimidad política en 2014 a partir de una campaña electoral completamente falsa y financiada por el mismo pacto oligárquico. Si la estrategia fracasó drásticamente para mantener la estabilidad política y la continuidad del "gobierno progresista", ella tuvo éxito en reorganizar todo el campo activista y militante, que abandona los vectores autónomos desencadenados en junio de 2013 para orbitar nuevamente alrededor de la centralidad petista.

Se puede decir que el resultado de esa operación, utilizando el léxico de Gerbaudo, fue la separación entre las máscaras y las banderas nacionales, produciendo una escisión insuperable entre el activismo y la militancia que se identifica a la izquierda y el ciudadanismo difuso que se abrigó en símbolos nacionales y los llamamientos a la unidad del pueblo contra la oligarquía. En el campo del activismo, eso fue realizado en dos momentos, primero, retirando el apoyo público a las dimensiones más insurgentes de las protestas a través de un consenso mediático que movilizó tanto los medios corporativos como las plataformas gestionadas por la izquierda (la antigua blogosfera lulista); según al reanudar el control de los círculos activistas a través de un permanente chantaje cuya premisa es la idea de que todo el campo ciudadanista de junio es conservador e incluso fascista (el germen de la "ola conservadora").

En esta línea, si asumimos el punto de vista de Gerbaudo sobre el ciclo populista en América Latina, hay que reconocer que, en Brasil, el populismo de los gobiernos progresistas no sólo reconfiguró el pacto oligárquico en nuevos marcos como, a partir de 2013, pasa a atacar la alianza heterodoxa y potente, presente en todo el ciclo de las acampadas, entre la dimensión populista insurreccional y los círculos activistas autonomistas o neo-anarquistas. Por eso, es difícil decir, como hacen los análisis políticos condescendientes, que la izquierda "no comprendió Junio 2013" o que se habría "equivocado" en aquel momento. Por el contrario, no sólo comprendió el fenómeno desde el punto de vista político y subjetivo, como lo atacó en su punto más potente: la relación híbrida entre las máscaras y las banderas nacionales, la apertura de una nueva forma de hacer política que no estaba dada en las tradiciones anteriores.

El efecto es triple: el campo del activismo pierde la autonomía y la capacidad de acción, convirtiéndose o en militancia tradicional de izquierda o extendiéndose en múltiples fragmentos identitarios que funcionan, muchas veces, bajo una lógica hermética, exclusivista o competitiva; el campo del ciudadanismo pierde su dimensión de innovación, canalizando su indignación hacia pautas ultraconservadoras o dejándose capitanear por grupos oportunistas y performáticos; por fin, se forma un proceso difícil de ser categorizado - extremadamente ambiguo y difuso - que rechaza la nueva polarización entre militancia y neoconservadurismo. Este terreno en constante mutación parece buscar, a través de articulaciones no organizadas y cotidianas, el retorno de una circulación autónoma de la indignación y de las aspiraciones por una democracia libre del poder oligárquico.

¿Qué puede una alianza?

Es en el campo disforme abierto por ese tercer efecto que reside actualmente la posibilidad de perseguir los rasgos de las acampadas y sus aspiraciones por transformaciones reales y nuevas instituciones. Para ello, a diferencia del análisis de Gerbaudo, es necesario reconocer el hilo largo de conformación de los gobiernos progresistas establecido desde los debates del FSM, con el campo mayoritario definido por la izquierda soberanista, nacionalista y populista. En segundo lugar, hay que analizar las consecuencias de la crisis de 2008, no como una inmediata expansión de la gestión fiscal neoliberal, sino como un agravamiento de las tendencias populistas nacionalistas en el campo político y económico, que se alimentó de una nostalgia de la tradición del nacional-popular. Y, por lo tanto, percibir que fue justamente el pacto oligárquico reconfigurado en esos términos que sostuvo las acciones de desmantelamiento de los levantes de junio de 2013. Así, desde el punto de vista latinoamericano, no tendríamos en 2013 una nueva alianza populista democrática y autonomista contra el " el establecimiento neoliberal, pero una alianza híbrida que reúne un conjunto heterogéneo y abierto de prácticas políticas que se ha vuelto contra el propio agravamiento populista producido por los gobiernos "progresistas" en los últimos años (que, sin duda, daba al neoliberalismo un carácter al menos híbrido y heterodoxo).

Por otro lado, ese fenómeno no parece constituir una particularidad local de los efectos de las acampadas en suelo latinoamericano. La ausencia de un histórico más apurado sobre el debate soberanista y populista también impide que Gerbaudo perciba la relación de doble vía establecida entre el imaginario político latinoamericano y europeo a partir del ciclo anti-globalización. El primero, alimentándose de un ideario de soberanía popular que podría ser conquistado a través del fortalecimiento del estado y de promesas de desarrollo que eliminen el nivel de pobreza típico de los países de "tercer mundo". El segundo, viendo en el ciclo progresista latinoamericano un horizonte de esperanza para países "desarrollados" acosados por la ausencia de alternativas, de futuro y por el aumento de la precarización: el "laboratorio América Latina" [ix].

Esta expectativa recíproca funciona hoy como un double bind [x] que empuja las dos realidades hacia un mismo campo teórico cada vez más difícil de ser sostenido. Es el guión: la izquierda latinoamericana anuncia que su "progresismo" es abortado por fuerzas conservadoras que sabotean cualquier posibilidad de avance y desarrollo; la izquierda europea y americana comparte la idea, viendo en el fenómeno el deshecho de su "laboratorio político", dejando al mundo aún más carente de alternativas. En común, se forma la idea poco compleja y maniqueísta de una agenda progresista derrotada por una homogénea "derecha" que avanza, desde fuera hacia dentro, en una avalancha irresistible. La clivación, basada en la exasperación del miedo y el pánico moral, acaba provocando el atrincheramiento de organizaciones políticas, movimientos, círculos de activismo, militancia y de intelectuales críticos, sellando la nueva unidad a través de criterios de pertenencia y eliminación de cualquier visión que reivindique la visión posibilidad de matiz.

En efecto, en el libro de Gerbaudo, la declinación del Podemos en 2016, tras una fase de crecimiento arrebatador, queda sin ninguna explicación, ya que el autor opta por no analizar los efectos negativos para el nuevo partido de sus conexiones populistas con los gobiernos latino -americanos, en especial el venezolano (exhaustivamente explotado por la campaña oposicionista). Lo mismo se podría decir de la inclinación identitaria a la izquierda que el partido fue fortaleciendo a partir de 2015, incluyendo la alianza con la Izquierda Unida. Otro ejemplo podría ser tomado de Grecia, con la negativa de los indignados a adherirse a la deriva nacionalista y soberanista adoptada por los disidentes de Syriza (Popular Unity), a pesar de la derrota de Tsipras ante la Troika. Todo indica un rechazo también de las experimentaciones populistas de los últimos años.

Por otro lado, en la literatura denominada "autonomista" es posible percibir la misma tendencia que tiene como punto de partida el gran malestar provocado por el fin de la narrativa progresista en América Latina. Es interesante pensar que algunas conclusiones elaboradas por la crítica autonomista del populismo son muy parecidas a las conclusiones mencionadas por Gerbaudo. En Asamblea (2017), Antonio Negri y Michael Hardt proponen una combinación entre autonomía de los movimientos en la definición de estrategias y nuevas formas de liderazgo concebidas como una táctica móvil y no definitiva, invirtiendo la fórmula leninista. Por su parte, América Latina sigue siendo presentada con un "laboratorio extraordinario", en crisis por cuestiones ligadas al extractivismo y la apropiación por la derecha de las luchas desencadenadas por la izquierda, incluyendo las Jornadas de Junio en Brasil. Una clivación purista se establece entre el conjunto de los movimientos que pueden ser identificados a través del concepto de "multitud" y el otro conjunto difuso de indignados calificados de conservadores.

El efecto acaba siendo el propio cierre del ciclo, ya que la potencia híbrida del movimiento termina encerrada en una disputa de narrativas o en guerras culturales protagonizadas por dos grupos opuestos atrincherados simétricamente en sus identidades amenazadas y reaccionando, ahí sí, de forma conservadora. Por eso, la doble pinza (el double bind) acaba funcionando políticamente, recogiendo las partículas libres de Junio de 2013, o de la Primavera Árabe en general, reordenándolas en torno a consignas y prácticas de grupismo político que aplanan las palabras las multiplicidades y la apertura producida por el acontecimiento.

Por otro lado, para no ser tragado por la verdadera ley de la gravedad de la polarización conservadora, habría que pensar en los rasgos que aún no han sido capturados u homogeneizados y que permanecen en una tensión permanente. En el caso de las acampadas en Brasil, se trata de "ambiguas" y "complejas" (GERBAUDO, página 229). Sin tener un desenlace militar o armado, ni la producción de nuevos partidos o confluencias fácilmente reconocidos por la izquierda, la situación Brasil exige un análisis que no se limite a un calco del material empírico a través de categorías políticas que polarizaron el debate desde el ciclo antiglobalización, pero que sea un permanente mapeamiento de esas tensiones: del material intensivo y de la producción de subjetividad que aún no se han reagrupado.

Así, hay que reconocer que los acontecimientos con los de la Primavera Árabe, pero también del ciclo de 1968 y tantos otros, lejos de estar sometidos a un campo de enunciados y visibilidades ya codificados en extractos políticos e históricos, abren un nuevo espacio-tiempo, fuera de cualquier coyuntura, que coloca todo en variación, con incidencias en el pasado, en el futuro, en la organización de los cuerpos, en los deseos, en el pensamiento, en la imaginación, en el deseo y en la vida. Una irrupción del intempestivo que arrastra las viejas formas para un espacio enrarecido y árido, donde las viejas categorías no funcionan, y las nuevas aún no han ganado un contorno.

Es este ciudadanismo intempestivo, con su rechazo a cerrarse en los tradicionales linajes políticos a la izquierda o a la derecha, irreductible a las propias categorías forjadas por la historia, que renueva y mantiene el enigma del ciclo de las acampadas. Se trata de percibir como rasgos de autonomía, de contrapoder, de producción de cadenas mayoritarias de acción, de lucha contra la corrupción y la usurpación por la oligarquía, de exigencia de ciudadanía, de expresión de nuevas aspiraciones y lenguajes, pasan a circular de acuerdo con una lógica aberrante, siendo difícilmente mapeadas por la cuadratura del tracking académico y político.

Recordando el inicio de este texto, a pesar del óptimo resultado alcanzado por el libro, quizás estemos ante los límites de un análisis basado en las técnicas del travelling y de la panorámica. Dos formas de recortar las visibilidades aún presas a la idea de que las líneas de acción estarían claras, que su contexto estaría definido, que basta invocar la virtud de los grandes personajes y su poder de conclusión. El material empírico adquiere hasta movimiento y desenvoltura, pero todavía está restringido a un montaje de efectos conciliatorios y englobantes.

Para tratar como la dimensión intempestiva e informar del ciudadanismo que irrumpe en las acampadas y protestas, habría que añadir lo que Deleuze llamaba "pura imagen óptica-sonora": una acción que fluctúa en la situación, más que la remata y la encierra, que tiene como medio un "espacio cualquiera" y no una incidencia determinada y circunscrita, que desencadena una inversión de sentidos que aumenta la aptitud de ver y oír, rechazando las anteriores formas de organizar la percepción y la acción (DELEUZE, 2013 p. 13).

En vez de un giro populista, o de un laboratorio autonomista (siempre evaluados o formulados por categorías políticas desarrolladas intramuros - el debate entre hegemonía y / o autonomía en la cultura de izquierda), la ciudadanía aparece como un giro continuo o como la construcción de experiencias autónomas que desbordan las visibilidades y los enunciados ya codificados por las formas de percepción a la izquierda y a la derecha. Si el ciudadano es el "año cero" para pensar nuevas luchas democráticas, su lógica aberrante, su equivocación y capacidad de mutación, sus articulaciones híbridas y disformes, parecen todavía mantener el vivo enigma sobre lo que podrían las máscaras y las banderas.

Traducción del portugués al español: Santiago De Arcos-Halyburton

 

Referencias bibliográficas:

BORON, Atilio. Império e imperialismo: uma lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri. Buenos Aires: CLACSO, 2004.

DELEUZE, G. Cinema 2. A imagem-tempo. São Paulo: Brasiliense, 1990.

GERBAUDO, P. The mask and the flag: Populism, Citizenism and Global Protest. New York: Oxford University Press, 2017.

HARDT, M. Today’s Bandung. In: New Left Review, n. 14, março-abril, 2002.

MACHADO, D. ZIBECHI, R. Cambiar el mundo desde arriba: Los límites del progressismo. La Paz: CEDLA, 2016.

NEGRI, A; HERDT, M. Assembly. New York: Oxford University Press, 2017.

PETRAS, J. “Imperio con imperialismo”, In: Rebelión, 2002. Disponível em http:// www.rebelion.org/petras/imperiopetrasmi.html.

 

Notas:

[i] El debate en torno al libro The mask and the flag: Populism, Citizenism and Global Protest (2017), de Paolo Gerbaudo, fue sugerido por Bruno Cava, durante las actividades del coloquio Populismos, ocurrido el 26 de octubre de 2017, Facultad de Derecho de la UERJ. El evento fue organizado por la Red Universidad Nómada en asociación con el grupo de investigación Asesorías Jurídicas del Común.

[ii] Prof. Adjunto da Facultad de Derecho de la UERJ. Participa de la Red Universidade Nômade.

[iii] Sobre el concepto de multitud, cf. NEGRI, A. Cinco lições sobre Império. Tradução de Alba Olmi. Rio de Janeiro: DP&A, 2003; NEGRI, A; HARDT, M. Império. Tradução de Berilo Vargas. Rio de Janeiro: Record, 2005.NEGRI, A; HARDT, M. Multidão. Tradução de Clóvis Marques. Rio de Janeiro: Record, 2005.

[iv] Ver, cf. PRADA, R. Análise da nova constituição política do Estado. In: LABTec/ESS/UFRJ. Lugar Comum – Estudos de mídia, cultura e democracia. Rio de Janeiro: UFRJ, n. 25-26, maio-dez., 2008, pp. 73-89; SCHAVELZON, SALVADOR. La Assembleya Constituyente de Bolivia: Etnografia del Nacimiento de un Estado Plurinacional. Tese de doutorado apresentado ao Museu Nacional da UFRJ no programa de pós-graduação em Antropologia Social, 2010; Tarin; B; BELISÁRIO, A. (Orgs). Copyfight: pirataria e cultura livre. Rio de Janeiro: Azougue Editorial, 2012. COCCO, G. NEGRI, A. Globa(AL): Biopoder e lutas em uma América Latina globalizada. Rio de Janeiro: Record, 2005

[v] Argumento completo en MENDES, Alexandre; CAVA, Bruno. A esquerda que venceu. IHU online, 06 de outubro de 2015. http://www.ihu.unisinos.br/noticias/547641-a-esquerda-que-venceu. Cf. também: FIORI, José Luiz. A miséria do novo desenvolvimentismo. Jornal Valor do dia 29 de novembro de 2011 COCCO, Giuseppe. KorpoBraz: por uma política dos corpos. Rio de Janeiro: Mauad, 2013.

[vi] Sobre el tema, cf. MENDES, A. FALBO, R. N. TEIXEIRA, M. (Orgs) O fim da narrativa progressista na América do Sul. Juiz de Fora: Editar, 2016; MACHADO, D. ZIBECHI, R. Cambiar el mundo desde arriba: Los límites del progressismo. La Paz: CEDLA, 2016. Há também um intenso debate realizado em revistas e jornais digitais. Uma boa sistematização pode ser encontrada no artigo: CAVA, B. Podem os governos progressistas sobreviver ao seu próprio sucesso? In: IHU Online, janeiro de 2006. Disponível em: http://www.ihu.unisinos.br/78-noticias/550495-podem-os-governos-progressistas-sobreviver-ao-proprio-sucesso . Dentre as publicações citadas destacamos: “Nada volverá a ser igual en América Latina”, por Raúl Zibechi: http://www.aporrea.org/actualidad/a220180.html; “Notas sobre el agotamiento del ciclo progresista latinoamericano “, por Gerardo Muñoz: https://infrapolitica.wordpress.com/2015/10/29/notas-sobre-el-agotamiento-del-ciclo-progresista-latinoamericano-gerardo-munoz/; “El fin del relato progresista en America Latina”, por Salvador Schavelzon: https://www.diagonalperiodico.net/global/27148-fin-del-relato-progresista-america-latina.html; “Venezuela: el ocaso de los ídolos”, por Pablo Stefanoni, http://lalineadefuego.info/2015/12/08/venezuela-el-ocaso-de-los-idolos-por-pablo-stefanoni/; “El agotamiento kirchnerista”, por Salvador Schavelzon, http://www.la-razon.com/suplementos/animal_politico/agotamiento-kirchnerista_0_2389561076.html. Português: http://uninomade.net/tenda/o-esgotamento-kirchnerista/ “Junho no Equador e o correísmo”, por Bruno N. Dias, http://uninomade.net/tenda/junho-no-equador-e-o-correismo/ “Venezuela: el ocaso de los ídolos”, por Pablo Stefanoni, http://lalineadefuego.info/2015/12/08/venezuela-el-ocaso-de-los-idolos-por-pablo-stefanoni/ Acesso em 20 de novembro de 2017.

[vii] Sobre las manifestaciones del dia 15 de marzo, cf. COCCO, G. As manifestações de março são o avesso de Junho de 2013. Entrevista concedida ao jornal IHU online, no dia 23 de março de 2015. http://www.ihuonline.unisinos.br/artigo/5824-giuseppe-cocco-8

[viii] Cf por todos: UNINOMADE. O comum e a exploração 2.0, 2012. Disponível em: http://uninomade.net/tenda/o-comum-e-a-exploracao-2-0/PASSA PALAVRA. Acabou a magia: uma intervenção sobre o Fora do Eixo e a Mídia Ninja, 2013. Disponível em: http://passapalavra.info/2013/08/82548

[ix] Cf. CAVA, B. MENDES, A. O podemos e os enigmas que vêm do sul. In: Le Monde Diplomatique – Brasil. Edição de maio de 2015. Disponível em: http://diplomatique.org.br/o-podemos-e-os-enigmas-que-vem-do-sul/

[x] Tomamos el concepto de Deleuze y Guattari, Cf. DELEUZE, G; GUATTARI, F. Mil Platôs. Capitalismo e Esquizofrenia 2, vol. 1. São Paulo: Editora, 34, 2012.

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