Rudá Ricci: “El problema de Brasil no es en 2018, será en 2019”

Rudá Ricci: “El problema de Brasil no es en 2018, será en 2019”

Rudá Ricci: “El problema de Brasil no es en 2018, será en 2019”

Entrevista a Rudá Ricci por Patricia Fachin (IHU On-Line)

Traducción: Decio Machado

Rudá Ricci es graduado en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo (PUCSP), magister en Ciencia Política por la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y doctor en Ciencias Sociales por la misma institución. Es director general del Instituto Cultiva, profesor del curso de maestria en Derecho y Desarrollo Sustentable de la Escuela Superior Don Helder Cámara y columnista política de Band News. Es autor de Terra de Ninguém (Ed. Unicamp, 1999), Dicionário da Gestao Democrática (Ed. Autêntica, 2007), Lulismo (Fundação Astrojildo Pereira/Contraponto, 2010), coautor de A Participação em São Paulo (Ed. Unesp, 2004), entre otros.

¿A partir de lo que se ve en las declaraciones y comportamientos de los posibles candidatos y partidos hoy, cuáles probablemente serán los escenarios posibles para las elecciones presidenciales de 2018?

El primer punto central de las elecciones es Lula, es decir, la permanencia de la candidatura de él o no, y aunque esta se mantenga, hasta qué punto puede ir. Voy a explicarme. Hay un debate jurídico sobre lo que va a suceder si Lula entra como una ficha sucia. A pesar de que esto suceda, podría entrar en apelación ante el Tribunal Electoral y luego en el Supremo Tribunal Federa (STF), y eso haría que su candidatura pudiera ser registrada sub judice. La segunda cuestión está relacionada con el intercambio de candidatos en el partido, que se produce a principios de septiembre. Entonces, teóricamente la candidatura de él puede ir hasta septiembre si ella está bajo juicio.

¿Cuál es la estrategia de Lula? Es ir hasta el límite, porque yendo al límite de la candidatura y siendo encausado al final, él podría trabajar una conmoción nacional y con eso lograr continuar en la TV aunque ya no sea como candidato, pudiendo transferir sus votos a otro nombre del PT. En este momento su nombre preferido es el Jaques Wagner, ex ministro y ex gobernador de Bahía. En el caso de que Lula no pueda mantener la candidatura hasta los comicios, su figura va a decidir en mucho el resultado de las elecciones porque, según el Datafolha, el 30% de las personas que dicen que votaría en Lula también dicen que votarían en el candidato indicado por él. Esto da el 10% del electorado, y con ese porcentaje Lula ya coloca a otra persona en el juego político. Sin el Lula, los otros candidatos tienen sólo el 15% de la preferencia del electorado hasta el momento.

Fragmentaciones

La segunda cuestión está vinculada al proceso electoral de 2018, que parece muy similar con el de 1989, cuando gran parte del electorado brasileño se dividió, pulverizando su intención de voto, porque los bloques políticos o ideológicos no consiguieron unificar candidaturas. Pretendo decir lo siguiente: en el campo de la derecha, además de la candidatura de Geraldo Alckmin, tenemos la candidatura de Jair Bolsonaro. Algunos dicen que Alckmin no es un candidato de extrema derecha como Jair Bolsonaro, pero desde el punto de vista de la estrategia electoral, Alckmin definió a Bolsonaro como su principal adversario en este momento, de tal manera que él identifica que parte del electorado del Bolsonaro -y las encuestas revelan eso- era del PSDB. Es decir, parte del electorado del PSDB de las últimas elecciones, no teniendo otra alternativa más a la derecha, votaba en el anti-Lula, que era el PSDB.

Ahora, como tienen un candidato de la extrema derecha, esos electores migraron hacia Bolsonaro. Entonces, Alckmin ya está dirigiendo sus baterías para atacar al Bolsonaro. Ya hemos visto en las últimas semanas como en las redes sociales brotaron materiales contra Bolsonaro, divulgando una entrevista que él habría dado en 1999 para el Estadão en la que decía que le gustaba Hugo Chávez. Es obvio que esta es una cuestión que busca poner en duda la alineación del electorado del Bolsonaro generándole contradicciones. La derecha se está dividiendo mucho y ya se piensa la candidatura de Meirelles, y César Maia acaba de decir que el DEM tiene que tener un candidato. Entonces, la derecha se fragmentará en al menos cuatro candidaturas

En el lado de la izquierda, del centro-izquierda que es el lulismo, hasta una izquierda más nítida que sería el PSOL, debemos tener de tres a cuatro candidatos también: el bloque lulista, Guilherme Boulos por el PSOL y Manuela D'Ávila por el PCdoB

¿Estas tres candidaturas también representan una fragmentación de la izquierda? 

Lo representan hasta la candidatura de Lula. Hasta entonces conversé con los candidatos de ese bloque de izquierda y ellos no van a atacar a Lula, porque mientras Lula sea candidato existe una alineación con su campaña, con apenas algunas distinciones programáticas. Si la candidatura del Lula termina no efectivizándose, ahí sí el bloque se agrieta y hasta al interior del PT habrá diferencias.

¿Entonces el mantenimiento y la unión de los diferentes frentes de izquierda depende de la candidatura de Lula?

No sólo de la izquierda, sino de la derecha también. Si Lula sale de la candidatura presidencia, Jair Bolsonaro cae y ahí se genera una oportunidad real para Marina da Silva y Geraldo Alckmin. Entonces, la candidatura de Lula define todo el proceso electoral del año que viene y muestra que es la candidatura más fuerte del proceso electoral.

¿Qué puede ocurrir en el PT si Lula no puede competir?

Tal vez una articulación más a la izquierda del PT. "Yo ya he escuchado a varios dirigentes diciendo que la solidaridad es con Lula, y sin Lula en el terreno ellos no aceptan más candidaturas impuestas por la corriente mayoritaria, que es “Construyendo un Nuevo Brasil ", la cual tiene una visión muy moderada sobre la conciliación nacional. Sólo apoyan a Lula. Pero gran parte de ellos podrían apoyar, según me están indicando y por increíble que pueda parecer, la candidatura de Guilherme Boulos por el PSOL.

¿Algunos intelectuales que buscan repensar la actuación de la izquierda en la política han hecho críticas a la apuesta de la izquierda brasileña por el regreso de Lula como alternativa a la crisis que la izquierda enfrenta hoy. ¿Cómo usted ve, por un lado, esa crítica y, por otra, la insistencia del PT en el nombre del Lula? ¿Por qué es importante recurrir al nombre del ex presidente incluso después de su implicación en las denuncias de Lava Jato?

Primero porque no existe ningún programa de la izquierda nacional que se haya ejecutado sin ser el de Lula. No hay ningún partido de izquierda que haya llegado cuatro veces consecutivas a la elección. Entonces, no estamos hablando de ningún partido, ni de ninguna candidatura, sino del partido más importante de América Latina entera. Nunca ningún partido de izquierda llegó cerca de lo que el PT hizo en Brasil.

En segundo lugar, el lulismo forjó una política de Estado que sólo tiene parámetro con el getulismo, con una estructura de desarrollo social y económico a partir del Estado, que raramente vimos en la historia de Brasil. Entonces, estamos hablando de una potencia y de una capacidad que raramente se ha visto en el país y que en el caso de la izquierda nunca se había visto.

Sin embargo, ¿cuál es el problema del programa de Lula? Es que el lulismo se apoyó en la conciliación de intereses, o sea, en la idea de componer una especie de parlamentarismo a partir de la figura carismática del presidente. El problema es que una parte significativa de esta conciliación de intereses ya no quiere ese acuerdo, hablo en concreto del empresariado. Por lo tanto, todo el lulismo terminó, se agotó no por sí solo, sino porque una de las partes de la alianza no desea ya mantener esa alianza. Por otra parte, es posible que ellos busquen a Lula si es elegido, pero ya sin esa alineación tan nítida como se hizo en los primeros ocho gobiernos del Lula. Ellos fueron muy lejos, porque la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP) gastó millones para acoger la propuesta de impeachment, y se abrió una división fortísima entre el empresariado y Lula.

Rechazo a la alternativa

El PT se niega a construir una nueva alternativa pública. Si es que tuviesen alguna alternativa, cabe indicar que ni la mayoría de las corrientes del partido conoce cuál es. Entonces hay aquí se da una situación paradójica: por un lado, está el mayor partido de Brasil con la figura pública más importante de la historia política del país, la más popular y, por otra, un programa que ya esta caduco. Este es el problema planteado para Brasil y para la izquierda en este momento. El problema de Brasil no es 2018, sino 2019.

¿Pero no es un riesgo para la izquierda a largo plazo apostar todas las fichas en la candidatura de Lula, aún más cuando se habla mucho de la necesidad de renovación en la izquierda? ¿Cómo se realizaría un cambio si Lula es elegido?

Hay un riesgo en la candidatura de Lula a largo plazo, pero tampoco hay alternativa por la izquierda, es decir, eso significa un riesgo también en este momento. ¿Cuál es el programa nacional del PSOL? Él se alimentó de banderas específicas, y la política del PSOL hoy es más una propuesta antropológica que política, porque se fragmentó en demandas de movimientos identitarios a veces incluso de manera hasta oportunista. El PSOL no tiene un programa nacional. Y en los otros partidos de izquierda, cuál es el programa nacional? No hay programas. Entonces, hay un riesgo, ¿pero cuál sería la alternativa? La alternativa es algo como el Frente Amplio en Chile, donde se creó un frente amplio joven en enero de este año, que consiguió elegir a varios diputados en la elección que acabó de ocurrir.

Cambios en la base social

No tenemos tiempo, en este momento, para pensar una alternativa a largo plazo hasta el año que viene, pero tenemos la oportunidad de empezar a construir una alternativa, y efectivamente estamos en una situación en la que no es sólo las cúpulas las que tienen dudas -y es por eso que tendremos tantos candidatos el próximo año-, es la base social. La base social brasileña cambió: la clase media asalariada cambió en Brasil. A partir de ahora tendremos una clase media que va a ser persona jurídica en su mayoría, incluso en los empleos de Estado, que están reduciéndose y se van a acabar.

Las reformas del Temer -no esta claro hasta ahora si Lula va a acabar con ellas o no - terminan con la clase media asalariada en Brasil, ya sea en la empresa privada o pública. Entonces, esto cambia completamente la posición de la clase media. Mucho de lo que estamos viendo hoy en el país, con una clase media rabiosa, tiene que ver con ese cambio que la clase media no consigue entender, dado que esta muy mal informada y es egocéntrica, no consiguiendo tener una visión de mundo clara. Sin embargo, esa clase media está sintiendo en su piel estas transformaciones negativas.

Entonces, eso cambia también la postura del electorado en general, por no hablar específicamente del electorado pobre. Hoy varias investigaciones muestran que el electoral está inclinado a pensar una visión completamente liberal del mundo desde el punto de vista económico, es decir, a partir de la idea de que lo que importa es "mi voluntad de vigor para trabajar, porque me hago solo". Incluso en las favelas, las personas creen que los cambios sociales y de consumo no tienen que ver con política de gobierno, sino con la ayuda de Dios o de la familia. Estas tres respuestas, Dios, esfuerzo y ayuda de la familia, comprenden, según una reciente encuesta del Data Popular, el 80% de la opinión de las personas que viven en favelas en relación a la mejora de su vida. Esto afecta violentamente a los candidatos, sean de derecha o de izquierda en el país.

¿Cómo esa reestructuración de la clase media y de los más pobres implicará una readecuación de los partidos?

La única persona que logra hablar ese lenguaje es Lula: él puede decir que las personas deben consumir más, y ellas deben tener valor, y al mismo tiempo consigue decir que es necesario un Estado fuerte, que dé el mínimo de igualdad al país. Esa es la voluntad de la gran mayoría de los pobres, si no de la totalidad. Las investigaciones recientes revelan esto: los pobres tienen valores liberales, pero quieren un Estado fuerte, porque ellos saben que sin Estado fuerte no consiguen tener el mínimo de condición para mostrar su valor. Y ahí los liberales en Brasil, como el PSDB y los ultraliberales, no saben hablar de eso. En el caso de Alckmin, se eligió presidente de su partido y será candidato a la presidencia, y propone de nuevo que se vote la reforma de la previsión. Pero la gran mayoría del electorado rechaza eso.

Las candidaturas liberales en Brasil no consiguen hablar para el povão. El único que consigue hablar para la mayoría de la población brasileña es Lula, pero su programa es de conciliación y la otra parte no quiere, porque es liberal. Y ahí estamos en un punto muerto. Este es el problema del sistema partidista brasileño: él no logra dialogar con la clase media, que hoy no elige presidente, y con la mayoría de la población, que es pobre.

Usted ya afirmó que si Lula no puede concurrir a las elecciones presidenciales de 2018, Jaques Wagner podría ser su sustituto. ¿Por qué Lula apuesta en ese nombre? ¿Tiene capital político para competir, incluso si opta por esa estrategia de la conmoción social que usted comentó al principio?

Él apuesta por Jaques porque fue gobernador de Bahía, y los dos estados más importantes del Nordeste son Bahía y Pernambuco. Ahí se plantea un problema de nuevo para el ACM Neto en Bahía, porque el Jaques Wagner es tan flexible, en términos de alianza y discursos, como Lula. Por lo tanto, no pondría ninguna situación desagradable durante la campaña, y Lula podría seguir apareciendo en la televisión, diciendo que si el elector quiere votar en él debe votar por Jaques Wagner.

Si el candidato del PT fuese Fernando Haddad, que será el plan B si Lula no puede postular, tendrá un problema, porque Haddad es paulista, muy joven, tiene cara de Universidad de Sao Paulo (USP), y los nordestinos no votan en perfiles así, como no votan en el perfil. Ciro Gomes, que tiene el mismo perfil, porque esos candidatos tienen un discurso de clase media. La candidatura de Jaques Wagner no crearía ningún problema para Lula seguir haciendo campaña, aunque estuviera impedido.

¿Para la primera vuelta, usted apostaría por Lula y quién más? ¿Alckmin o Bolsonaro?

Geraldo Alckmin tiene mucho más potencial de llegar a la segunda vuelta que Jair Bolsonaro. No tengo claridad si Bolonaro de hecho será candidato, porque si él pide para competir, perderá su mandato. Incluso teniendo dos hijos en la política, posiblemente perdería el liderazgo de ese bloque de extrema derecha en el país, porque hay gente mucho más capaz que él, incluso desde el punto de vista de la retórica para mantener ese discurso. Entonces, la candidatura de él a la presidencia implica el riesgo de perder la elección, perder todo y salir de la política después de tantas veces elegido.

Como dije, creo que el PSDB va a jugar todo su peso contra Bolsonaro, para desconstruirlo hasta agosto. Entonces, posiblemente, el nombre más fuerte por la derecha para competir con el Lula sea Alckmin, sin duda alguna. Respecto a si va a haber una segunda vuelta entre los dos, todavía es demasiado pronto para decir.

¿Y lo que usted diría sobre las otras posibles candidaturas? ¿Usted comentó rápidamente que Boulos puede renovar el PSOL, pero y sobre la candidatura de Marina por la Red, y Manuela D'Ávila por el PCdoB?

Manuela D´Ávila es un buen nombre, pero no tiene inserción política nacional, y el PCdoB no va a crear ningún problema para el PT. El PCdoB, desgraciadamente, se ha convertido en un partido satélite del PT en las últimas elecciones. Hablé con varios dirigentes nacionales del PCdoB en los últimos años y ellos estaban muy asustados, en función de la crisis abierta con la Lava Jato, porque el PT podría perder musculatura y los candidatos del PT podrían pasarían a disputar la base social y electoral del PCdoB. Es por eso que van a lanzar candidato, porque si no lanzan candidatos, el PT, sin el aparato del Estado, colocará varios nombres en la elección y simplemente desmantelará el PCdoB. Y si se desmoronan con las nuevas reglas de acceso al fondo partidista, el PCdoB se desintegra y pasa a ser un partido completamente marginal. Entonces necesitan tener una candidatura para tener el mínimo de musculatura electoral. Pero el partido no va a disputar en ningún caso con Lula, porque si Lula es elegido el PCdoB vuelve al gobierno federal. Entonces, la candidatura de la Manuela es experimental.

 La misma situación se aplica a la candidatura de Boulos, pero ahí es otra historia, porque está tratando de recomponer el bloque de izquierda y está, incluso, avanzando sobre sectores del PT y también sobre sectores del PMDB, como es el caso de Roberto Requião. La candidatura de Boulos es una candidatura de construcción de un frente de masas, es decir, con todas las reticencias que se pueda y deba tener, está tratando de reconstruir el camino de Lula, con una propuesta más de izquierda, pero que sea popular y que tenga fuerza. Creo que la figura de Boulos es esto: es una persona intelectualizada, con una historia muy rica, y es un líder de un movimiento de masas, que es el MTST. Entonces, él junta justamente los dos atributos que quiere comenzar a construir. No veo su candidatura para resumirse a 2018; creo que es el inicio de una trayectoria que puede ser muy importante para el país.

¿Si Lula no puede competir, o si el PT no elige al próximo presidente, Boulos sería una alternativa para el futuro?

Creo que sí, porque Jaques Wagner y Fernando Haddad no son populares; no tengo ninguna duda de que ninguno de los dos tienen apoyo popular sin Lula. Ellos pueden tener cierto apoyo regional, cosa que ni Haddad sustancialmente tiene dado que acaba de perder en la primera vuelta de las elecciones municipales de manera abultada frente a Doria, y él tenía la máquina del municipio en sus manos. Por lo tanto, no tiene un gran apoyo electoral. Ahora bien, Guilherme Boulos si puede tener estos apoyos, sobre todo si de hecho consigue atraer sectores del PT y sectores más a la izquierda, y el propio PMDB para su candidatura. Si realmente logra hacerlo, se convierte en un nombre importante en los próximos años en la política nacional. Eso sigue siendo una apuesta.

¿Pero Guilherme Boulos sería una apuesta a la izquierda incluso considerando la reconfiguración de la sociedad brasileña que usted mencionó antes?

Claro que sí. Lula ya propuso a Boulos afiliarse al PT, sólo que no aceptó algunas propuestas de Boulos, entre ellas, la revocación de todas las medidas del Temer y también la adopción de una reforma tributaria progresiva en Brasil. Lula, desgraciadamente, en función de su política de conciliación, no logra renovar la agenda que él mismo construyó en 2002, y Boulos está tratando de proponer una nueva agenda encima de la mesa. Si esta es popular, si será una nueva agenda, no lo sabemos, pero el hecho es que está tratando de crear un bloque, como lo que ocurrió en Chile y como ocurre hoy en Uruguay: es un bloque vasto envolviendo amplios espectros de izquierda con esta característica popular. Eso es una apuesta. Sólo podremos ver si es una apuesta real a partir de ahora.

Otra cuestión que se discute acerca de las próximas elecciones son las alianzas, incluso partidos como el PT y PCdoB ya dan señales de que harán alianzas con el PMDB. ¿Qué alianzas probablemente se harán el próximo año? 

Este es el problema. El bloque lulista, del cual el PCdoB forma parte, no puede romper con el PMDB. Antes de explicar, vamos a recordar lo que es el PMDB: el PMDB es una válvula de escape de los sectores económicos periféricos de Brasil, y es una válvula de escape por la política. Es un partido importantísimo para el equilibrio político y democrático del país. Podemos tener varias críticas al estilo del PMDB de actuar en las sombras y de siempre tener un pie en la derecha, pero el hecho es que, desde el punto de vista de la ingeniería política, si no tuviéramos el PMDB, no tendríamos estados del Norte, como Pará y Maranhão, en el centro de la política nacional, porque son periféricos desde el punto de vista económico. Y, en el caso de los estados más ricos, el PMDB atrae a figuras de regiones menos pujantes económicamente hacia el centro de la política de su estado. Este es el caso de São Paulo, por ejemplo, que logra atraer sectores del Oeste del estado, que es una región muy pobre, hacia el centro de la política estadual. Entonces, Orestes Quércia, por ejemplo, actuaba mucho en el Oeste de São Paulo, así como Paulo Maluf. Es decir, esos sectores más retrógrados de la política brasileña siempre se alimentaron de ese canto de la economía periférica, por ejemplo, del estado de São Paulo, que es el estado más pujante, y el campeón de ese tipo de política era el PMDB y lo sigue siendo hasta hoy.

Por lo tanto, el PMDB tiene una importancia muy grande en la política nacional, que es atraer a las regiones económicamente periféricas, no muy importantes de la economía brasileña, al centro de la política. Es por eso que vemos que nombres como el de Romero Jucá son tan importantes en la política nacional a través del PMDB. Es lo que necesitamos entender y por eso mismo que otros partidos siempre quedan "medio de manos atadas" con el PMDB. De los tres principales partidos de Brasil -PMDB, PSDB y PT-, el único que tiene una base popular dentro de la estructura partidista -estoy hablando de alcaldes y concejales, que están en los rincones del país- es el PMDB; los otros dos tienen de manera muy marginal o, en el caso del PT, vinculados al proceso electoral, y no al proceso político entre elecciones. Y, en ese caso, para tener una base popular de apoyo, incluso parlamentario, porque diputado federal se elige en esas bases populares, los partidos necesitan el PMDB.

Este es un problema gravísimo para la política nacional, porque de los tres partidos más importantes de Brasil, dos no consiguen tener una inserción histórica en esos rincones y en el sertão brasileño, sólo en los momentos de elección. Pero entre las elecciones sólo el PMDB consigue. Tenemos un juego de ajedrez difícil para crear una gobernabilidad. Lo que la izquierda viene diciendo en Brasil -estoy hablando del PSOL para el resto de la izquierda- es que no da más para aliarse al PMDB, porque él hace chantaje después de que algún nombre de izquierda se elige y empuja siempre al gobierno a la derecha. Este es el problema, un dilema no solucionado hasta ahora.

¿Entonces el PMDB continuará manteniendo este peso fuerte en las elecciones presidenciales de 2018?

Sí, por el siguiente motivo: Brasil rechaza el parlamento brasileño, con excepción de la cámara municipal. Voy a explicar esto rápidamente: el concejal está cerca del pobre y, por lo tanto, puede tener algún tipo de influencia, porque algún pariente o vecino siempre llega al gabinete del concejal; los diputados estatales y federales no tienen ninguna importancia para el pobre en Brasil. Es por ese motivo que las encuestas en Brasil, como la de la ESEB, que es la mayor investigación sobre cómo el elector piensa y vota en Brasil, viene mostrando consistentemente que el elector brasileño, cuando va a votar en una elección como la del año que viene, recuerda en quién votó para gobernador y presidente, pero no recuerda en qué él votó para diputado federal y estatal. Además, él elige en quién va a votar para el parlamento brasileño faltando 10 días para la elección.

¿Qué significa eso? Que él elige por quien va a votar en el último momento y porque es obligado, oyendo parientes, amigos o cogiendo alguna foto del candidato del suelo. Es por eso que los políticos más conservadores siempre tiran muchos fotos impresas en los colegios electorales el día de la elección, porque ellos saben que su elección será definida, tal vez, allí, en el pequeño afiche que el pobre mira y dice "ya que tengo que votar, me deja ver quien tiene más poder, no voy a jugar mi voto fuera", y ahí vota en aquella cara que aparece más. ¿Eso significa qué? Que el que juega más dinero en campaña, tiene más dinero, más máquina, elige diputado federal en Brasil, y con eso sucede lo que está sucediendo ahora: los más ricos son los candidatos, incluso empresarios y rurales. Es esa distorsión que tenemos en Brasil y que hace que el PMDB sea tan fuerte y se imponga poco después de elegir un presidente, sea aliado o no en la campaña anterior. El PMDB siempre entra en el gobierno a causa de eso.

¿Si el Lula es elegido, habrá forma de conseguir que el PT no sea empujado políticamente a la derecha?

Él no será empujado. Si prestamos atención a lo que Lula está hablando, él ya está diciendo que se fue a la derecha. Lula ya dijo en varias declaraciones, incluso en comicios y entrevistas, que él es el candidato del centro -no dice ni siquiera que es del centro-izquierda-, dice que es el candidato del centro. Yo como científico político te diré: él es, realmente, el candidato del centro; está a favor del mercado. Creo que es muy interesante cómo el empresariado brasileño no percibió que el camino hacia el mercado se desarrolla sin conflicto en Brasil, en el ambiente de inversiones, gracias a Lula. Estas nuevas opciones del empresariado brasileño son una aventura de quienes no tienen mucha elaboración teórica y visión política, como es el caso del Paulo Skaf, que tiene una visión más política personal que una estrategia de clase. Lula es hoy realmente el candidato de centro y él está mucho más a la derecha que la mayoría de los militantes de su partido cree que él está. Lula no necesitará presión, el Lula ya fue más a la derecha.

¿Esto no le parece una paradoja, porque la militancia espera y cree que Lula asumirá una postura de izquierda mientras se posiciona a la derecha?

El Lula es mucho mayor que el partido y desde hace mucho tiempo no escucha a la militancia partidista. No tiene ningún mecanismo de consulta e impuso el nombre de la Dilma y del Haddad mientras destruía la candidatura de João da Costa en Recife, que había sido aprobado como candidato por una convención municipal del partido, porque Lula quería alianza con el PSB en Pernambuco y en Recife.

Vamos a ser francos y claros: Lula hace mucho tiempo que no oye ni consulta a la militancia. La militancia habla lo que quiere, pero Lula hace lo que él quiere y casi siempre no hay coincidencia en la opinión de esos dos espacios de la política petista. Es bueno que la gente comience a entender lo que es el lulismo: el lulismo es un programa rooseveltiano, que hace conciliación de intereses y no le gusta la participación popular y ni la movilización de las masas; que trabaja con las cúpulas partidistas y con las élites -elites religiosas, sindicales, partidarias y económicas-. El lulismo no es un gobierno de amplia participación de los ciudadanos, de ninguna manera, creo bueno que empecemos a entender claramente lo que es la propuesta lulista.

¿Ese es el mejor modelo para Brasil hoy?

No sé decirte, dado que sería un juicio. Lo cierto es que funcionó durante un tiempo y de eso no hay duda alguna. En los dos primeros gobiernos petistas federales, funcionó y muy bien. Algunos dicen que funcionó porque teníamos los valores de los commodities al alza. El hecho es que ya tuvimos otros momentos de opulencia en las exportaciones, pero no tuvimos las políticas que Lula adoptó. El hecho es que tal vez, como ya dije, ese programa ha llegado a su fin porque parte de los aliados del lulismo no quieren más esta alianza. Pero Lula viene diciendo que quiere volver a hacer lo que ya hizo. En realidad, el principal programa de Lula hoy es restablecer lo que ya se hizo antaño, él no está proponiendo nada nuevo, no tiene una nueva versión del Hambre Cero, como fue en 2002, no tiene una nueva versión de la política del BNDES como en 2007, no tiene propuesta nueva; la propuesta del Lula es restablecer lo que ya hizo en 2005, 2006 y 2007.

Recientemente se ha divulgado una encuesta que muestra que el 60% de los votantes de Jair Bolsonaro serían jóvenes. ¿Qué explica esta adhesión de parte de los jóvenes a un candidato como este y lo que eso revela respecto a la política brasileña?

Si estamos hablando de un 15% del electorado, estamos hablando algo que afecta en torno al 7%, y los jóvenes son mucho más que el 7% de los electores brasileños. La mayoría de los jóvenes vota a Lula, la cuestión es que hoy el 60% del electorado del Bolsonaro es joven. ¿Qué son esos jóvenes? Hay una serie de tesis al respecto, pero una de las que me parece más interesante es que hubo un avance muy grande de un discurso agresivo en el movimiento estudiantil, principalmente universitario, que es hegemonizado por el PCdoB, y que tiene toda una jerga y una estructura de política muy consolidada, con palabras que tienen todo un significado de quien ya es iniciado en la política estudiantil, como es el caso de las consignas y así sucesivamente. Es decir, aquellos que no se inician y organizan en el movimiento estudiantil se sienten completamente humillados o de escenificación. Y, además, en el movimiento estudiantil hay quien dice que los movimientos identitarios neofeministas y de defensa de cuotas también están siendo muy agresivos, criticando a personas de perfil más de "nerd" o aquellos que son muy tímidos, que es el perfil de la mayoría de los estudiantes. Quien ya dio clases en universidad sabe muy bien lo que estoy diciendo.

Estos sectores se sentirían sin expresión y muy ofendidos por ese discurso agresivo que dice que todo hombre es un violador potencial y que las personas son alienadas, de tal manera que ese segmento de los jóvenes, principalmente universitarios, estaría dentro de esos movimientos de oposición a los identitarios y al movimiento estudiantil ligado a las fuerzas de izquierda hegemónicas. Y es por eso que habría una reacción tan agresiva contra la izquierda, esa izquierda del movimiento estudiantil, y a esos movimientos identitarios en la universidad. No es sólo una reacción política, es una reacción violenta como si fuera una defensa de su existencia. Esta es la hipótesis en la que veo a muchos autores apuntando recientemente, a veces sin investigaciones, pero como si fuera una especie de relato impresionista, subjetivo, pero que veo con buenos ojos, porque es una hipótesis de investigación muy interesante. Además, no tengo ningún dato que revele con tanta nitidez el por qué tenemos tantos jóvenes apoyando a la extrema derecha.

Hay otra hipótesis muy importante que he venido defendiendo desde hace algún tiempo: gran parte de los jóvenes que están en la franja de los 20 a 30 años sólo vieron los gobiernos lulistas y el Temer. El joven siempre forma un segmento contra el status quo. ¿Por qué el joven está en contra del status quo? Porque está tratando de encontrar su lugar en el mundo de los adultos y él tiene que imponerse, porque los adultos se imponen con reglas e instituciones, y ellos necesitan mostrar que tienen su lugar y que necesitan tener oportunidades. El joven siempre intenta imponerse en el mercado de trabajo, en el mundo de los adultos, con mucha energía para poder existir y ser valorado.

Como gran parte de los jóvenes tenían alrededor de 10 años cuando Lula ganó las elecciones en 2002, esos jóvenes ven todas las dificultades de Brasil, y también las que enfrentan, como una culpa o responsabilidad de los gobiernos lulistas. Con eso, queda mucho más fácil de armar un discurso de que todo aquello que tiene de malo en el país es culpa de aquellos que están en el poder, de cabellos blancos -el caso de Lula- y viejos que quieren mantenerse en el poder, y que robaron nuestro dinero.

Es un discurso fácil para esos jóvenes que creen que el poder en Brasil fue hecho a la imagen y a la semejanza del PT y de Lula. Estas son algunas explicaciones, pero todas son hipótesis. Vamos a esperar para que tengamos más datos concretos sobre eso.

 

Fuente: http://www.ihu.unisinos.br/574747-o-lulismo-e-uma-nova-guinada-a-direita-o-abismo-entre-o-partido-e-a-militancia-entrevista-especial-com-ruda-ricci

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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