Siete fórmulas para negociar el nuevo contrato de venta de gas al Brasil

Siete fórmulas para negociar el nuevo contrato de venta de gas al Brasil

Siete fórmulas para negociar el nuevo contrato de venta de gas al Brasil

Bolivia: Análisis de la exportación de gas

Dos preguntas para el debate nacional de cara al nuevo contrato con el Brasil: ¿La venta de gas a la Argentina (1969) y Brasil (1999) ayudaron a salir al país del modelo de desarrollo primario exportador que nos constituye desde nuestra fundación como república? y ¿Desde cuándo es bueno vender energía y no contar con ella para el desarrollo de un país dependiente como Bolivia? 

Mirko Orgáz García/Periodista Hora 25

Bolivia se apresta a firmar un nuevo contrato de compra y venta de gas al Brasil por los próximos 20 años en nuevas condiciones de reservas, precios y volúmenes. Esto se dará sin haber certificado suficientes reservas de gas (tanto para su seguridad energética como para sus proyectos de exportación), con una disminución de los precios del barril de petróleo en el mercado internacional que afectan los del gas, y con la emergencia de nuevos competidores en el mercado regional de Gas Natural Licuado (GNL).

La estrategia de las transnacionales y de la burguesía brasileña es mantener el tenor del actual contrato que finaliza el 2019, con el aditamento de “más gas a menor precio”, para seguir manteniendo a Bolivia como fuente de aprovisionamiento energético barato en la región sudamericana.

Esta estrategia difundida en septiembre de 2016 por empresarios del país vecino, sostiene que “Brasil necesita tener las condiciones para ser capaz de renegociar (el contrato) para que los precios puedan bajar”, según el ejecutivo de Gas Energy, Marco Tavares, citado por la revista Los Tiempos América del Brasil.

¿A qué condiciones hace referencia el empresario brasileño que dispuso energía boliviana abundante/no contaminante y barata los últimos dos decenios para obtener más energía a menor precio?

Cabe decir que Bolivia, luego de 18 años de venta de gas al Brasil, no ha realizado una auditoría técnica, económica y geopolítica al contrato que termina el año 2019.

Contrato de gas al Brasil: mayor dependencia de Bolivia

Dos preguntas necesarias para encauzar el debate público y nacional de cara a la negociación del nuevo contrato.

La primera, es una interpelación a nuestra historia: ¿los contratos de venta de gas a la Argentina (1969) y Brasil (1997) ayudaron a salir al país del derrotero primario exportador que nos constituye desde nuestra fundación como república?

La segunda, siendo la energía un factor de producción como el Capital, Trabajo y la Tierra: ¿Desde cuándo es bueno vender energía y no contar con ella para el desarrollo de un país dependiente como Bolivia?

No se puede negar la dimensión económica de las exportaciones de gas en la generación de ingresos para Bolivia: el 68% del gas producido los últimos años se han destinado al mercado brasileño, generando para las arcas del estado, los años 2013/2014, aproximadamente, 3500 millones de dólares, cerca del 50% del total los ingresos fiscales. Una cifra y un negocio nunca antes visto en la historia del país.

Sin embargo, Bolivia con este contrato de compra y venta de gas al Brasil, si bien ha generado grandes recursos económicos para sus ingresos fiscales, ha sido a costa de desprenderse de un recurso energético no renovable, estratégico y factor clave de la producción de la economía mundial, y ha puesto en peligro su seguridad energética en el mediano y largo plazo, al mismo tiempo, ha profundizado su dependencia, el extractivismo y rentismo.

Al respecto, Juan Carlos Guzmán, sostiene que: “Habiendo reducido de manera absurda la política energética nacional a la trilogía gas natural-exportaciones-rentas, los bolivianos no nos hemos detenido a pensar en las implicaciones políticas y económicas de la evolución del sistema energético que, más allá de la generación de ingresos, reafirma el derrotero primario exportador boliviano y subordina la política pública de energía a la obtención de rentas”. (1)

Para peor, Bolivia ha generado una renta fiscal extraordinaria estos últimos diez años, nunca antes vista, que no ha podido utilizar para diversificar en lo básico su economía.

Las nuevas condiciones: “más gas a menor precio”

Veamos la estrategia de las transnacionales y burguesía brasileña para seguir constituyendo a Bolivia como polo de distribución energética barato en Sudamérica

En septiembre de 2016, la periodista Nicola Pamplona de la Folha de Sao Paulo, hizo conocer que el Gobierno Federal del Brasil estudia crear un operador nacional del gas para reemplazar a Petrobrás, la estatal del Brasil, que mantiene el monopolio del transporte y la comercialización entre la producción y los mercados de consumidores.

Este plan busca en lo central “renovar totalmente el contrato de importación de gas de Bolivia que vence el 2020” y reducir a la mitad el volumen contratado. “La expectativa es que la compañía reduzca a la mitad el volumen contratado, con el país vecino, hoy en 30 Mm3 por día, equivalentes a 37,5% del consumo diario medio del Brasil. Por eso las distribuidoras de gas y la industrias consumidoras se preparan para negociar directamente con el gobierno boliviano contratos para la próxima década”.

Está claro que estas medidas anunciadas extraoficialmente no buscan en lo interno mejorar el sistema de distribución de gas en Brasil sino: 1. desguazar/privatizar la estatal petrolera brasileña a favor del capital privado y transnacional, 2. e implementar un nuevo sistema de precios respecto al gas boliviano que beneficie aún más a las transnacionales y la burguesía brasileña, principal objetivo de la estrategia descrita por Pamplona.

En este contexto, Brasil, ha disminuido el bimestre de enero/febrero/2017 su volumen de compra de gas al 50% (2), tema atribuido al buen funcionamiento de sus hidroeléctricas, pero que parece demostrar la aplicación de “facto” de su nueva estrategia para doblegar a Bolivia e imponer nuevos precios y condiciones.

Cabe decir que esta disminución al 50% del volumen de compra de gas por parte del Brasil, vulnera el actual contrato en vigencia que ha sido firmado con una entrega máxima de 32 mmcd (Deliver or Pay) y un mínimo de 26 mmcd (Deliver or Pay). (3)

Posición del Gobierno del MAS

Mientras en Brasil esperan que una audiencia pública apruebe esta estrategia “no oficial”, autoridades del MAS, refrendaron esta propuesta.

Al respecto la nota de prensa de La Razón señala: “El vicepresidente Álvaro García Linera aseguró este lunes que Brasil continuará comprando gas boliviano, mediante empresas privadas, tomando en cuenta que la estatal Petrobras liberó la comercialización de ese energético, en una suerte de "privatización" de su compra. (4)

Confirmó que “El Gobierno boliviano desde hace ocho meses empezó a negociar con empresas privadas brasileña después de que el gobierno de Michel Temer resolvió liberar a las empresas privadas para la comercialización de gas y reducir la participación de Petrobras en este negocio. “Estamos negociando desde hace ocho meses la venta de gas a Cuiabá, ya no es Petrobras, es una empresa privada. Ellos quieren comprar gas incluso por encima del precio que ahora nos paga Brasil y Petrobras”, declaró el vicepresidente Álvaro García Linera. (5)

De igual manera el ministro de hidrocarburos, Luis Sánchez, confirmó que cuatro estados del Brasil están interesados en la compra directa del gas boliviano para hidroeléctricas. (6)

Es decir, una compra directa de gas boliviano, sin intermediación de Petrobras, la estatal brasileña.

Estas posiciones del gobierno del MAS expresan una remota comprensión del tema económico más importante de la vida nacional.

¿Brasil no necesita gas boliviano?

No. Brasil no tiene autosuficiencia energética y depende del gas, tanto boliviano (33%), como del gas licuado (GNL) que importa (17%). El resto es producción interna.

La idea esgrimida que Brasil tiene “suficiente músculo” para prescindir del gas boliviano es falsa. Sin embargo, este ha sido el argumento central de la geopolítica brasileña para constituir a Bolivia como su fuente de aprovisionamiento energético barato y dependiente en la región.

El proyecto de El pre-sal y la subasta de áreas de explotación de gas no convencional que “le darían este músculo” para ganar la pulseta a Bolivia y lograr que reduzca el precio del gas natural de cara al nuevo contrato ha sido postergado en su explotación y hoy mismo es el centro de la disputa entre estado brasileño y transnacionales, lo que su exploración/explotación sería a mediano plazo.

Entonces Brasil no tiene músculo y no nos “hace un favor” al comprar gas boliviano y no tiene suficiente reservas y producción de gas para prescindir de él, que no sea a un mayor precio.

Veamos algunos datos de su matriz energética en este sentido.

Cuadro 1: En millones de metros cúbicos por día. Mercado Brasil

Bolivia vende al Brasil el 68% del gas que produce y Brasil compra de Bolivia el 33% del gas que necesita, e importa 17% de otras fuentes y su producción está alrededor del 50%. Los años 2013, 2014 y 2015, el promedio de consumo del Brasil de gas boliviano ha estado al máximo de los requerimientos por contrato, es decir, 31 Mm3pc/d, mientras su producción propia ha ido creciendo.

Es cierto, Brasil ha elevado la producción y consumo de energías alternativas, sin embargo, esto no ha sido suficiente para prescindir del gas importado. Aún más, Brasil aumentó su consumo de gas natural los años 2012, 2013, 2014 y 2015 significativamente como se observa en los cuadros 1 y 2.

Cabe decir que el precio del LNG importado por Brasil fue mayor que el precio del gas boliviano. Por ejemplo, (Cuadro 7) a junio de 2015, el precio del LNG (Gas Natural Licuificado) oscilaba para Sudamérica entre $us 7.84 y 7.94, mientras Brasil pagaba a Bolivia 5.7 Mmp3. (7)

Cuadro 2: Consumo y producción del Brasil

Fuente: Fundación Jubileo. (Revista N. 34)

¿En qué sectores consume más gas Brasil?

Cuadro 3: Consumo del gas por sectores en Brasil

Fuente: Folha de Sao Paulo/26/07/2016

El consumo industrial de gas de la industria brasileña se lleva la tajada más grande: 42,22 Mm3pc/d, y la generación eléctrica requiere 30,29 y automotores 4,82.

Cuadro 4: Mercado interno y proyectos de exportación

Fuente: Fundación Jubileo. (Revista N. 34)

Mientras el Brasil consume ávidamente gas para su industrialización y desarrollo petroquímico (Cuadro 3), en Bolivia el consumo se mantiene en los límites de un país con cero desarrollo industrial (Cuadro 4). Los datos son contundentes: cerca de 83% de los hidrocarburos producidos y comercializados por Bolivia tuvo por destino el mercado externo, sólo el 17% restante fue orientado a su mercado interno.

Esta situación se expresa en el intercambio comercial desigual que el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) con base en datos del INE ha establecido: “Sin gas natural, las exportaciones a Brasil solo llegarían a $us 65 millones”. En otras palabras, mientras el Brasil nos vende más de 3.000 productos de los que destacaron las barras de acero (139 millones de dólares), seguido del betún de petróleo (31 millones), y polietileno (26), Bolivia le vende gas en un 95% del total exportado al Brasil. (8)

Estos datos reafirman la dependencia del país respecto al consumo de energía para el desarrollo industrial a partir del contrato de gas al Brasil (y Argentina).

El Precio: el centro de la batalla

El precio es el centro de la batalla del nuevo contrato con el Brasil.

La estrategia de las transnacionales y la burguesía brasileña es “más gas a menor precio”. Para lograr esto buscan imponer un precio en referencia al Henry Hub, parámetro conveniente a sus intereses. Veamos

Como se ha dicho, aún no existe realmente un mercado global del gas porque falta que este energético sea un “commodity” (bien transable) comercializado globalmente, como lo es el petróleo.

Esto ha generado que existan distintos precios “regionales” del gas en el mundo.

Por ejemplo, en Estados Unidos el precio se determina en el Henry Hub (actualmente el más bajo), en Europa los precios se regulan por los contratos a largo plazo (precio medio) y en el Asia los precios siguen referidos predominantemente al petróleo, consiguientemente con precios más altos.

Cuadro 5: Precios del gas natural en el mundo

Fuente: Santilla/Salinas

Para el caso del precio de venta de gas al mercado brasileño y argentino, la fundación Jubileo ha establecido los mínimos y máximos históricos del precio de venta del gas. Veamos.

Cuadro 6: Precios de exportación del gas

Fuente: Fundación Jubileo. (Revista N. 34)

Un análisis comparativo de los cuadros 5 y 6 para el año 2015 permite observar que Brasil pagó por debajo del precio establecido en Europa y Asia y por encima del precio del Henry Hub.

En dirección a esto, en junio de 2015, mientras en Europa el precio era $us 7,29 y Japón 8,59, Brasil y Argentina pagaban alrededor de 5,7 y 6 respectivamente el Mmp3, un precio mucho más bajo a los del gas en Europa y Japón.

Como ya se ha dicho, el precio del LNG (Gas Natural Licuificado) para Sudamérica en el periodo era alrededor de $us 8 el Mmp3.

Por esa misma fecha, el precio Henry Hub estaba en 2,77.

Establecer el precio Henry Hub en todo el mundo

Entonces, los Estados Unidos y las transnacionales buscan imponer el precio Henry Hub en todas las regiones del mundo para perjudicar a los países productores de gas. “Desde el año 2009 los compradores de gas de Europa están buscando cambiar sus fórmulas de precio, lo que ha traído una reducción en los mismos y el año 2015 los precios de compra en Alemania se redujeron hasta 6.8 US$/MMBTU”, sostienen expertos energéticos (9).

Se trata de que los precios del Henry Hub empiecen a influir en todos los otros mercados como una estrategia para bajar los precios del gas y controlarlos desde los intereses norteamericanos y las grandes transnacionales.

Con este fin, se han observado envíos mínimos de gas norteamericano a distintas regiones con precio Henry Hub para generar la sensación aparente de estar frente a un gran proveedor capaz de modificar los precios del gas en los mercados regionales.

El Perú “paga” actualmente esta estrategia transnacional: vende actualmente su gas al precio Henry Hub, lo que es un saqueo a su economía (ver cuadro 5)

El proyecto Pacific LNG del año 2001, liderado por las transnacionales para vender gas por Chile a Estado Unidos (y a Chile), proyecto antinacional neutralizado por el pueblo de El Alto el año 2003, tenía este mismo fin: beneficiar a las transnacionales con bajos precios para el gas, establecido en referencia al Henry Hub.

Sin la intervención del pueblo alteño, Bolivia hoy sería (como el Perú), fuente de aprovisionamiento barato de los Estados Unidos, a costa de su desarrollo.

Dos balances del contrato de venta de gas al Brasil: rentismo y dependencia y disminución de reservas

Cabe decir que, el estado boliviano no ha hecho hasta ahora una auditoría técnica, económica, financiera y geopolítica del contrato de compra y venta de gas al Brasil a 18 años de su implementación para encarar las nuevas negociaciones con el Brasil.

Sin embargo, dos expertos energéticos han realizado un balance crítico del contrato.

Juan Carlos Guzmán, experto en energía, dice que los bolivianos hemos reducido de manera absurda la política energética nacional a la trilogía gas natural-exportaciones-rentas lo que ha reafirmado el derrotero primario exportador boliviano y ha subordinado la política de energía a la obtención de rentas.

Sostiene que “Desde las primeras exportaciones de gas natural a la Argentina en los años setenta, pasando por la reforma neoliberal de 1996 que fijó las bases de exportación hacia el Brasil, hasta el nuevo contrato con Argentina, la exportación de energía, en términos de “gas rico”, tuvo siempre el principal objetivo de obtener recursos para el tesoro nacional”.

Guzmán señala que “La evolución del indicador muestra que el país ha profundizado su vocación primario exportadora e indica que la industrialización no acompañó a la exportación de gas natural a Brasil, principal resultado de la reforma neoliberal de 1996 en el sector”.

La generación de ingresos por la exportación de gas crecieron sobre todo después de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos 3058 en mayo de 2005, pero a cambio de enajenar sus reservas. “Es así que la cantidad total de energía primaria exportada llegó, en 2012, a 87, 4 Mbep (millones de barriles equivalentes de petróleo) y, con ventaja, colocó al país como el primer exportador de gas natural de la región, situación que tiene impacto en las reservas nacionales que ya en 2010 mostraban una situación crítica. A pesar de ello, las exportaciones se incrementaron aún más hasta el 2012”. (10)

En suma, se incrementaron las exportaciones de gas y los ingresos económicos, pero disminuyeron las reservas.

Con el contrato de venta de gas al Brasil, Bolivia se hizo más dependiente y tiene reservas insuficientes de gas que ponen en peligro su seguridad energética nacional y desarrollo industrial con energía disponible en un mundo donde el petróleo y el gas son hoy la base del desarrollo, mientras transita hacia las energías alternativas.

Se cambió la seguridad energética, a cambio de renta que no se utilizó para diversificar la economía.

Precio, gas “rico” y volúmenes

Otro análisis crítico es el de Justo Zapata, director del DIPGIS UMSA, demoledor en su balance del contrato que hoy se pretende renovar.

Sostiene que desde un punto de vista económico, el contrato inicial debía haber establecido un precio del gas en función a su poder calorífico, lo que hubiera significado que el precio sea siempre un quinto del valor del barril del petróleo, similar a los precios referenciales de Europa o Asia en este momento. A lo largo de los últimos años, Brasil pagó muy por debajo de ese precio.

Con el contrato que finaliza el 2019, se impuso un precio en base a una canasta de fuel oils tremendamente contaminante, y el resultado fue un mal negocio para el país. Si bien, en lo mínimo, mantuvo un precio del gas acorde a las subidas del precio del barril de petróleo en el mercado internacional, no lo fue en las proporciones del precio de mercado europeo o asiático. Zapata dice que: “Se puede afirmar con seguridad que en ningún país del mundo se permitiría quemar un combustible como el de la canasta (establecida con el Brasil) con alrededor de 27 gramos de azufre por kilogramo de combustible. Esta cantidad de azufre permitiría obtener alrededor de 83 gramos de ácido sulfúrico por litro quemado, cantidad que en cualquier fábrica o ciudad tornaría la atmósfera en irrespirable” (11).

Es decir, el contrato que finaliza estableció una canasta de fuell cells, altamente contaminantes, alejados de la cualidad del gas, un energético menos contaminante, por ello mismo, como lo ha establecido el copi 21, energía “limpia” y de transición hacia las “alternativas”, estratégica, para enfrentar el “calentamiento global”.

Por otro lado, dice Zapata que el contrato obligó a vender gas húmedo, es decir, gas “rico” que genera utilidades adicionales.

Afirma Zapata que “En el contrato, Bolivia se obliga a proveer un mínimo de 1034 calorías por pie cúbico. Si sólo se vendiera metano o gas seco no se podría satisfacer este requerimiento, pues con metano 100% puro se alcanzarían 974 calorías por pie cúbico. Aunque en general, solo se comercializa gas seco, es decir, metano con algo de dióxido de carbono y nitrógeno (en el mundo), Bolivia por este contrato, se ve obligada a comercializar gas húmedo con alrededor de 10% de etano, GLP y gasolina natural”.

Zapata se pregunta: ¿cómo se pudo elaborar un contrato tan desfavorable al interés nacional que fue fijar el precio en función de una canasta de combustibles tremendamente contaminantes y, por lo tanto, de bajo precio; comprometerse a vender gas húmedo en lugar de gas seco e incluso no prever emplear el gasoducto al Brasil para llevar gas boliviano a otros puntos del territorio boliviano, como por ejemplo, la industrialización del Mutún? Su respuesta es contundente: en la firma del contrato de gas al Brasil “se antepuso el interés personal al interés nacional: nuestros principales negociadores de YPFB ya habían cambiado de camiseta antes de abandonar sus altas funciones”, afirma.

En conclusión, Zapata sostiene que el contrato de venta de Gas al Brasil fue un saqueo más a Bolivia. (12).

Siete fórmulas para negociar el nuevo contrato de venta de gas al Brasil

De todo lo señalado, la primera constatación es que ni la venta de gas a la Argentina (iniciada en los 70) ni la venta al mercado del Brasil (desde 1997) contribuyeron a forjar una política de desarrollo nacional para salir del modelo de desarrollo primario exportador, por el contrario, profundizaron el extractivismo y la dependencia de Bolivia.

Con ambos contratos Bolivia perdió sus reservas de gas y con ello perdió su seguridad energética. En suma, Bolivia debe:

1.- Vender menos volúmenes de gas a mayor precio para garantizar reservas de gas para el desarrollo nacional los próximos 30 años, mientras cambiamos nuestra matriz energética hacia las nuevas energías alternativas como la eólica y solar.

Bolivia hoy no tiene las reservas suficientes para encarar un nuevo contrato. La última certificación la establece en 10,45 TCF. Al ritmo actual de consumo, 0,86 TCG/año, estas reservas alcanzarían hasta el 2026, sin renovar el actual contrato con Brasil que finaliza en 2019. Si lo renovamos, en 2025 Bolivia no podría satisfacer la demanda de Brasil, ni sus propios requerimientos.

2.- Elevar el precio del gas en función de su poder energético. Energéticamente un metro cúbico de gas natural proporciona la misma energía que un quinto del barril de petróleo. A esta relación debe corresponder su precio. En ese sentido, Brasil paga, con un precio del barril de petróleo de 50 dólares, alrededor de 5 el Mmp3, cuando debería pagar, atendiendo la fórmula propuesta, 10 dólares, es decir, un precio cercano a los del LNG en Sudamérica (Ver cuadro 7).

3.- Negociar solo con PETROBRAS y el estado brasileño un contrato a largo plazo, con menos volúmenes y con precios referidos al poder calorífico del gas que significa establecerlo en 1/5 del precio del barril de petróleo. No negociar directamente con las empresas privadas. Los privados y las transnacionales buscan contratos a corto plazo para imponer precios spot, es decir, precios más bajos para el gas.

4.- Vender solo gas seco, como lo hacen todos los países productores de gas en el mundo. 1034 calorías por pie cúbico que se impuso al país en el contrato que finaliza, no se debe repetir. Bolivia debe construir una planta separadora con mayor capacidad en Río Grande para aprovechar las gasolinas que aún hoy se van al Brasil con el gas.

5.- Permitir el uso del gasoducto para emprendimientos nacionales, por ejemplo, para el transporte de gas destinado a la industrialización del hierro del Mutún. Se calcula que este proyecto necesita entre 6 y 8 Mmp3/d de gas. Cabe decir que Bolivia podría consumir hasta 40 Mmp3/d de gas en otros emprendimientos nacionales como la industrialización del litio, siderurgia y agroindustria.

6.- Realizar una verdadera nacionalización de los hidrocarburos, porque mientras Bolivia no nacionalice, las transnacionales que hoy operan los campos, seguirán presionando al estado boliviano exportar más gas y buscar “nuevos mercados externos”. Bolivia debe nacionalizar los megacampos Sábalo, Huacaya, Inchahuasi/Aquío y Margarita para ser operados por YPFB y recuperar el mercado brasileño para nuestra estatal petrolera.

7.- Finalmente, luego de nacionalizar, utilizar la energía del gas como factor de producción en la economía nacional y usar el excedente como factor de negociación con el Brasil para obtener mercados para productos industrializados del país, en la perspectiva de salir del modelo primario exportador y desarrollar verdaderos procesos de integración económica y política en América Latina.

Esto mismo proponía Marcelo Quiroga Santa Cruz, al oponerse a la venta de gas al Brasil por la dictadura, hace más de cuatro décadas.

Cuadro 7

Fuentes:

  1. Apuntes sobre el estudio de la renta de hidrocarburos. Juan Carlos Guzmán. Cedla. 2015. La Paz.
  2. Cae a la mitad la exportación de gas al Brasil. El Deber 10/01/2017.
  3. Nuestras exportaciones de gas. Carlos Miranda. Página Siete 10/2/2017.
  4. García Linera afirma que Brasil seguirá comprando gas boliviano pero a partir de empresas privadas. La Razón 26/9/2016.
  5. Bolivia empezó a negociar con empresarios privados la venta de gas al Brasil. ANF 26/9/2016.
  6. Cuatro estados de Brasil están interesados en la compra directa de gas boliviano. ANF 15/2/2017.
  7. Lineamientos de políticas de estado para Bolivia en tiempos de cambio climático. Justo Zapata. Hora 25 118/119.
  8. Sin gas natural, las exportaciones a Brasil solo llegarían a $us 65 millones. ANF 2/3/2017.
  9. Comercialización de gas natural en el mundo. Jaime Santillana y Julia Salinas. http://www.academia.edu/25889645/COMERCIALIZACI%C3%93N_DE_GAS_NATURAL_EN_EL_MUNDO
  10. Apuntes sobre el estudio de la renta de hidrocarburos. Juan Carlos Guzmán. Cedla. 2015. La Paz.
  11. Análisis del contrato al Brasil. Justo Zapata. Hora 25.
  12. Idem

adminaldhea

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